Columnistas

Mi llamado a una nueva generación de patriotas

Solo quienes en verdad aman este suelo donde nacieron comprenderán que es vital hacer la diferencia. ¿Cómo? Con un voto consciente este 1.° de febrero

​Felipe Villalobos Suárez. Estudiante de  Ciencias Políticas. Sección En voz alta, proyecto de Opinión
​Felipe Villalobos Suárez. Estudiante de Ciencias Políticas. Sección En voz alta, proyecto de Opinión Cortesía: ​Felipe Villalobos Suárez
​Felipe Villalobos Suárez. Estudiante de  Ciencias Políticas. Sección En voz alta, proyecto de Opinión
​Felipe Villalobos Suárez: "¿No es justo que el ciudadano honre a su patria no solo cuando la euforia de un juego de fútbol le recuerda dónde nació?". (Cortesía: ​Felipe Villalobos Suárez/Cortesía: ​Felipe Villalobos Suárez)

La democracia costarricense ha sido el orgullo de nuestro país por largos años; la envidia de nuestros hermanos hispanoamericanos. Un modelo que, a lo largo de las décadas, ha sabido desarrollarse y progresar junto a la nación costarricense. Mientras, en otras latitudes, gobiernos iban y venían, las democracias eran liquidadas por el sañudo brazo militar, donde dictadores con ínfulas megalómanas se erigían para luego ver derrumbada toda su gloria por un pueblo que no soportó más o por cierta potencia extranjera que ya no vio necesario financiar a otro tiranillo en su patio trasero.

El sistema costarricense marcó la diferencia: no había organismo más confiable, más transparente, más orgulloso representante de un pueblo que decidió, por sobre todo lo demás, vivir en paz. Aquel lugar del globo terráqueo donde una madre no engendraba un futuro soldado, donde el derecho era ley y el Estado, un benefactor para los hijos de la patria.

‌
‌

‌

‌
‌

‌

‌