
FIRMAS PRESS.- La cantidad de personas sin hogar en Estados Unidos ha aumentado marcadamente. En 2024, alcanzó una cifra récord. Aumentó el 18% con respecto a 2023, y llegó a 771.480 personas. Entre 2022 y 2024, el incremento fue del 32,5%.
Datos del Gobierno Federal, como los del Departamento de Vivienda y Desarrollo Urbano (HUD), muestran que esta situación de desamparo constituye una crisis de vivienda sin precedentes en el país.
Contra lo que muchos creen, la crisis de la falta de techo no se debe principalmente a la adicción a las drogas o el alcohol. Los factores causantes son el alto costo de la vivienda, la elevada inflación, la falta de suficientes albergues y el racismo sistémico (las personas de raza negra representan el 12% de la población nacional, pero el 32% de la población sin hogar).
La mayoría de los expertos y de los estudios –como los de la Universidad de California en San Francisco– coinciden en que la causa principal de esta situación es la escasez de viviendas asequibles. El encarecimiento de los alquileres ha superado con creces el aumento de los salarios, dejando a millones de personas al borde del desahucio. Solo hay 35 viviendas asequibles por cada 100 hogares de ingresos extremadamente bajos.
En el caso de los desamparados que son adictos, las evidencias indican que la falta de techo suele preceder a la adicción crónica. En otros casos, el consumo de drogas es el empujón final para personas que ya se encontraban en una situación económica peligrosamente precaria.
El ciclo funciona de esta manera: un individuo pierde su empleo o sufre una emergencia médica (debe recordarse que, en Estados Unidos, la medicina es privada y más de 26 millones de personas carecen de seguro de salud, por lo cual tener que ir al hospital puede llevarlas a la ruina). Al no poder pagar el alquiler de la vivienda, la persona termina en la calle. Allí, el trauma, la desolación, la desesperanza, el frío y la falta de sueño hacen que muchos consuman drogas en busca de un alivio o de una evasión de su penosa realidad.
El ciclo también puede ocurrir a la inversa: la adicción severa a las drogas –especialmente las metanfetaminas y el fentanilo– causa que la persona pierda su trabajo, agote sus ahorros y rompa sus lazos familiares. Se queda sola, sin recursos financieros, y termina viviendo en la calle.
Ahora bien, en los estados donde los alquileres no son tan altos, los niveles de adicción a las drogas pueden ser elevados, pero la cantidad de personas sin hogar es baja. Esto indica que el problema no son los narcóticos, sino el precio de la vivienda.
Los desamparados crónicos constituyen entre el 25% y el 30% de la población total de personas sin hogar. En ese grupo, las enfermedades mentales y las adicciones suelen ser la causa principal de su situación.
Pero el grupo mayoritario de desamparados está integrado por familias y trabajadores pobres. Para este sector, la causa de su tragedia es puramente económica: la inflación elevada, los alquileres altos. Muchas de estas personas no se hacen adictas a las drogas o al alcohol.
En Miami, donde resido, la crisis de la vivienda es grave. El alquiler de un apartamento de un dormitorio supera los $2.500 al mes, y eso en los barrios que no se consideran especialmente caros. En zonas de alto nivel como Brickell o South Beach, el precio de la vivienda se acerca o iguala al de ciudades tradicionalmente costosas, como Nueva York.
En los suburbios del oeste, que en la década de 1990 experimentaron un auge intenso de urbanizaciones para alojar a familias de clase media, ahora se ven habitantes de la calle hurgando en las bolsas de basura y buscando un rincón donde dormir en la noche. Hace unos años, no se veía ni uno.
El censo de enero de 2025 indicó que, en el condado de Miami-Dade, 858 personas dormían a la intemperie, una disminución del 17% respecto al año anterior. Aproximadamente el 77% de las personas sin hogar en el condado tienen acceso a un albergue o vivienda temporal. En total, más de 3.700 personas están en el sistema de ayuda oficial.
Pero este año, se calculó que unas 66.000 personas sufren una situación de “sinhogarismo oculto”: duermen en sofás en casas de amigos, en moteles o hacinados en apartamentos pequeños. Esta cifra refleja una crisis habitacional severa.
La solución más eficaz al problema de las personas sin techo exigiría un cambio radical en el enfoque del gobierno, de modo que destine más fondos para evitar que las personas caigan en situación de calle y controle el precio de la vivienda. Pero eso no parece que vaya a ocurrir por ahora.
Criminalizar la indigencia, como se ha hecho, por ejemplo, en Florida, donde en 2024 se aprobó una ley que permite a la policía arrestar a los desamparados que duermen en espacios públicos, es una decisión inhumana. No resuelve el problema, sino que lo agrava, ya que aleja a las personas sin techo de la ayuda y los servicios humanitarios que pueden encontrar en las ciudades.
La solución debe contemplar la construcción de viviendas con alquileres bajos, más ayuda para la reinserción social y laboral de los indigentes y una atención más extendida y asequible a los problemas de atención mental y de adicción.
alende4@gmail.com
Andrés Hernández Alende es un escritor y periodista radicado en Miami. Sus novelas más recientes son 'El ocaso' y 'La espada macedonia‘, publicadas por Mundiediciones.