Columnistas

Los ‘pollitos de colores’ del narcotráfico

El crimen organizado se aprovecha de la vulnerabilidad social de menores de edad para enrolarlos en actividades delictivas. En sociedades donde el ascenso social parece imposible, el narco ofrece atajos peligrosos pero tangibles

28 de mayo del 2015. Ciudadela La Carpio. Problemática del narcotrafico en el país y sus consecuencias directas sobre la niñez. Recorrido por la ciudadela La Carpio con casos reales de niños cuyas familias tienen  relación con el narcotráfico. Las identidades no pueden ser reveladas. En la foto: algunos niños de la Carpio juegan frente a un salón cuyas paredes están cubiertas de huellas de otros niños. Albert Marín.
28 de mayo del 2015. Ciudadela La Carpio. Problemática del narcotrafico en el país y sus consecuencias directas sobre la niñez. Recorrido por la ciudadela La Carpio con casos reales de niños cuyas familias tienen relación con el narcotráfico. Las identidades no pueden ser reveladas. En la foto: algunos niños de la Carpio juegan frente a un salón cuyas paredes están cubiertas de huellas de otros niños. Albert Marín. albert marin
La pobreza, la violencia familiar y la falta de oportunidades son el caldo de cultivo para el reclutamiento de menores. (Foto con fines ilustrativos). (albert marin)

Cuando era niño veía pollitos de colores en los mercados y ferias; captaban mi atención, pero entonces desconocía que ello implica crueldad animal, porque viven poco tiempo, debido a la toxicidad de los productos con que son pigmentados. En el argot criminal del México actual se denomina pollitos de colores a los niños y adolescentes que son captados y reclutados por las mafias para integrarse paulatinamente a sus filas. La comparación es cruel, pues comienzan inocentes y pequeños; además, son “baratos” y fácilmente reemplazables.

Los carteles del narcotráfico en México, pero también en Costa Rica, aprovechan la vulnerabilidad del deseo de pertenencia de los niños a través de una especie de reclutadores que los buscan en donde saben que pueden hallarlos, en el ecosistema socioeconómico y también en las redes sociales. Una vez localizados los objetivos, los atienden y les ofrecen un sustituto de modelo familiar y de pertenencia. En una primera etapa podrían ser tratados con un afecto fingido, de ser necesario. Casi de inmediato se les provee de un teléfono celular, aparatos de videojuegos y dinero en efectivo para compras inocuas, como dulces y comidas rápidas. Esta sería una primera fase de encantamiento y atracción para ganarse la confianza de los infantes. Muchos de ellos sucumben de inmediato al hechizo, por el historial de abandono y carencias emocionales que arrastran.

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