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Los líderes populistas nunca apelan a la razón: las emociones son mucho más poderosas

La polarización no es un efecto secundario del populismo, sino su entorno natural y su principal fuente de réditos políticos

Manipulación mental, de cerebros, mano manipula con hilos tres cerebros, populismo, demagogia, posverdad
Manipulación mental, de cerebros, mano manipula con hilos tres cerebros, populismo, demagogia, posverdad Shutterstock
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El populismo ha demostrado ser el recolector más exitoso del malestar social difuso. Lo toma y lo recodifica en sentimientos compartidos que su base adopta sin cuestionamientos, incluso hasta el punto del fanatismo. (Shutterstock/Ilustración)

La socióloga franco-israelí Eva Illouz ha señalado que el populismo no es fascismo en sí mismo, sino una tendencia hacia este. Theodor Adorno fue más ilustrativo al afirmar que el fascismo es como un gusano que vive dentro de una manzana y que termina por consumir y descomponer la democracia desde adentro.

Se dice incluso que Fidel Castro comprendió que la lucha armada ya no era la vía para alcanzar el poder, sino que, en el contexto contemporáneo, este debía obtenerse a través de las urnas, diciéndole a la gente lo que esta quiere escuchar, pero con una máxima clara: una vez conseguido, el poder no se entrega nunca.

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