
Tras decapitar al régimen iraní y bombardear posiciones del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica durante 40 días, la administración Trump no ha logrado obtener la rendición y ha dejado a Irán en control del estrecho de Ormuz.
Ante los ataques de Irán contra infraestructura crítica en los Estados del Consejo de Cooperación del Golfo y las amenazas al transporte marítimo, Estados Unidos volvió al modo TACO (en inglés, “Trump siempre se acobarda”) al aceptar un alto el fuego. Y, ahora, el aumento de la inflación y la desaceleración de la actividad económica apuntan a un episodio de estanflación –justo a tiempo para enfadar a los votantes de cara a las elecciones de mitad de mandato en Estados Unidos–.
¿Qué pasará ahora, entonces? Hay cuatro escenarios posibles.
En primer lugar, el alto el fuego actual podría conducir a negociaciones exitosas para poner fin a las hostilidades militares y reabrir el estrecho de Ormuz. Estados Unidos tiene cierta influencia en este sentido, ya que su bloqueo de todo el tráfico naval hacia y desde los puertos iraníes está aumentando la presión financiera sobre el régimen.
Probablemente, Trump espera que una facción más moderada –quizá liderada por el presidente del Parlamento, Mohammad-Bagher Ghalibaf– pueda convencer a los partidarios de línea dura de que un acuerdo sobre la cuestión nuclear traerá consigo tanto un alivio de las sanciones como la reactivación de los ingresos por transporte marítimo a través del estrecho.
Sin embargo, este escenario no es muy factible, ya que el régimen puede soportar el padecimiento económico mucho más tiempo que Trump (dadas las inminentes elecciones de mitad de mandato).
Asimismo, ambas partes siguen muy distanciadas en muchas cuestiones, no solo respecto de las ambiciones nucleares de Irán. Estados Unidos se opone a los programas de misiles balísticos y drones de Irán, a su apoyo a grupos islamistas radicales en todo Oriente Medio, a los peajes que quiere imponer al tráfico por el estrecho de Ormuz y a otras cuestiones. Resolver incluso una sola de ellas requeriría conversaciones largas y complejas a cargo de negociadores serios y experimentados.
El segundo escenario refleja esto. El alto el fuego continúa, pero las negociaciones se prolongan durante unos meses más mientras el estrecho permanece bloqueado. Básicamente, esta es la situación actual, y dista mucho de ser ideal. El statu quo está infligiendo un daño económico y financiero significativo a la economía mundial, con los precios del petróleo y la energía al alza, superando incluso su máximo alcanzado durante los 40 días de guerra cinética.
En estas condiciones, el crecimiento global se reducirá y la inflación aumentará. Pero, dado que este segundo escenario es intrínsecamente inestable, no puede prolongarse más de dos o tres meses. Debe dar paso al primer escenario (una de las partes cede y se muestra dispuesta a comprometerse lo suficiente como para reabrir el estrecho y garantizar un alto el fuego más permanente) o a una escalada del conflicto. De hecho, las escaramuzas militares en el Golfo esta semana demuestran la fragilidad de cualquier alto el fuego sin un acuerdo.
En el tercer escenario, Estados Unidos e Israel intensificarían el conflicto desatando todos los medios militares, económicos y de otro tipo a su disposición para forzar una rendición o el colapso del régimen. En caso de rendición, el régimen tendría que aceptar el cese total del enriquecimiento nuclear y reabrir el estrecho de forma incondicional. Este sería el mejor resultado para Estados Unidos, Europa, Asia (incluida China) y el resto del mundo.
El riesgo, por supuesto, es que el régimen iraní sobreviva a esa escalada. En el cuarto escenario, utilizaría sus misiles balísticos, drones y fuerzas navales restantes para infligir un daño significativo y permanente a más instalaciones energéticas del Golfo, a la vez que mantendría su control sobre el estrecho. Si eso ocurriera, los precios del petróleo se dispararían hasta acercarse a los $200 por barril, o incluso superarlos, y nos enfrentaríamos a una estanflación al estilo de la década de 1970, una recesión global y un mercado bajista para las acciones.
Sin duda, una escalada podría presionar a ambas partes para encontrar una solución negociada, y el escenario dos (el statu quo) tendría que pasar por el escenario tres o el cuatro antes de acabar en el escenario uno. Pero esto es menos probable, ya que volveríamos a negociar un alto el fuego (y ya habríamos visto lo poco que sirvió eso). Por lo tanto, la escalada podría descontrolarse en lugar de conducir a un retorno a un cese negociado de las hostilidades.
Si bien Trump espera el escenario uno, probablemente se trate de una ilusión. Son los radicales y los partidarios de línea dura en Teherán quienes tienen la sartén por el mango. Ya han demostrado su voluntad y capacidad para soportar las penurias económicas provocadas por el bloqueo, y no se enfrentarán a los votantes este otoño.
En lo que respecta a las implicancias económicas y de mercado a largo plazo, el tercer escenario es el ideal, ya que significaría una reapertura permanente del estrecho. El segundo mejor escenario sería el primero, pero implicaría que Irán podría cerrar el estrecho cada vez que Estados Unidos o Israel lo amenazaran. Esa posibilidad supondría una prima permanente del 15%-20% sobre el precio del petróleo con respecto al nivel anterior a la guerra. Aun así, la situación actual (escenario dos) es peor, ya que cada mes que el alto el fuego no dé lugar a un acuerdo empujará el crecimiento global a la baja y la inflación al alza. El único resultado peor es el cuarto escenario.
Ante la gravedad de los riesgos, algunos podrían preguntarse por qué los mercados globales –empezando por los mercados bursátiles estadounidenses y asiáticos– han alcanzado recientemente nuevos máximos. Veo dos razones. En primer lugar, los inversores esperan que el alto el fuego se convierta de alguna manera en permanente pronto, lo que implicaría precios del petróleo mucho más bajos. En segundo lugar, parece existir la suposición de que los vientos favorables derivados del auge de la IA y los centros de datos seguirán siendo mucho más fuertes que los vientos en contra provocados por la guerra.
Pero si usted cree eso, podría llevarse una sorpresa desagradable. Los mercados no solo están descontando una probabilidad de un alto el fuego permanente (superior al 75%) mayor de lo que es probable, sino que, si finalmente se produce una escalada, esto provocaría aún más volatilidad económica y de los mercados, así como riesgos a la baja, incluso en el mejor de los casos.
Si bien una escalada que condujera a la rendición del régimen sería más probable que una que condujera a una estanflación al estilo de los años 70, los mercados seguirán habiendo subestimado el riesgo de sufrir pérdidas mientras tanto. Para cualquiera que se encuentre en el lado equivocado de la operación, el daño no sería menor si las pérdidas duraran meses, en lugar de años o décadas.
Nouriel Roubini es estratega económico sénior de Hudson Bay Capital Management, profesor emérito de la Escuela de Negocios Stern de la Universidad de Nueva York y autor de 'Megathreats: Ten Dangerous Trends That Imperil Our Future, and How to Survive Them' (Little, Brown and Company, 2022). Copyright: Project Syndicate, 2026.