Columnistas

Lo serio y lo frívolo

Conocer a James Baldwin, hablar con él y no recordar ni una palabra es una lástima.

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En los días que corren, que imponen un gesto grave o ceñudo para encarar los difíciles acontecimientos, hablar de asuntos frívolos está fuera de lugar. Por eso no rebato a quien me diga, si leyera lo que sigue: “Seamos serios, ¿a qué viene esto?”.








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