Columnistas

Lo malo del teletrabajo

Desempeñar labores remuneradas desde la casa empieza a mostrar debilidades

Cuatro o cinco años atrás instalaron la primera fibra óptica en mi casa, y comencé a teletrabajar. Desde mucho antes, soy promotor y defensor del teletrabajo. Hace nueve años, el Club de Investigación Tecnológica publicó un informe liderado por Carlos Gallegos, titulado Teletrabajo: medio ambiente, economía y calidad de vida, donde se plantearon y estimaron, cuantitativamente, algunos de los grandes beneficios de la labor en remoto, tales como el aumento de la productividad, el ahorro de combustible y la reducción de enfermedades respiratorias.

A pesar de todos los beneficios conocidos, fue la pandemia la que disparó el teletrabajo, mucho más que todos los decretos, leyes, talleres y cursos juntos. Se aceleró tanto que después de dos años casi nadie quiere regresar a la oficina, por lo menos no cinco días a la semana.

Ahora se habla de la flexibilización de horarios, lo cual está teniendo efectos inesperados. En la Ciudad de Londres (City of London), centro financiero del Reino Unido, ha quebrado uno de cada siete pubs (bares, restaurantes tradicionales) debido a ello.

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