
Siempre comprometida con la literatura, Emilia Macaya nos entrega su última producción titulada Miradas y Reflejos. Se trata de una colección de cuentos, construidos ingeniosamente, en donde cada uno va precedido de una pintura de Edward Hopper.
Ello parece harto difícil de “construir”, y lo es. Sin embargo, la destreza de la escritora convierte este rasgo en un placer: el placer del encuentro con dos “textos” que se abrazan, fundidos ingeniosamente, en un acto significativo, elocuente y revelador. Son ellos la literatura y la pintura.
La presencia de una pintura de Hopper como entrada a cada cuento nos impele a reconocer la importancia de estas. Y, de igual manera, nos motiva a descifrar el mensaje que emana de cada uno de estos encuentros, como lo dicta el espíritu de la escritora.
La portada, en su calidad de puerta de entrada al texto y anuncio de lo que vendrá, recrea “ingeniosamente” una de las pinturas de Hopper titulada La espera, la cual remite a una mujer expectante, asomada a una ventana… ¿a la espera de algo o de alguien? Acompaña al título esta sentencia: “Un mundo de mujeres, en donde contar es descifrar…”. Un mandato claro y conciso de la tarea, y también del goce que tendremos las mujeres en descifrar los contenidos de cada cuento.
En el preámbulo, la escritora confiesa la pasión que le produjeron las pinturas de Hopper y cómo no pudo “desligarse” del encanto y profundidad que de ellas emana. Tan es así –y ello es un rasgo harto elocuente– que cada uno de los cuentos viene introducido por una obra del pintor, con el correspondiente título en inglés.
Con el abrazo de los dos discursos, el de la literatura y el de la pintura, da inicio al goce de la lectura de estos ingeniosos, y no menos profundos mensajes, y es también cuando el lector se deleita interpretando cada uno de estos abrazos: pinturas de Hopper y cuentos de Macaya: un cuento y su correspondiente pintura.
Son nueve las imágenes con su respectivo cuento, que tienen una ventana, lo que “nos dice” que unas más y otras menos gozan de un grado de protagonismo, situación que nos conduce también a desentrañar el mensaje de la relación interioridad/exterioridad propio de los cuentos. Como aberturas, ellas propician la entrada de la luz, rasgo que también tiene un simbolismo significativo, que debe ser desentrañado por los lectores.
Interpretar los contenidos de cada uno de estos “abrazos” es tarea de las lectoras, cumpliendo con ello con el mandato de la autora, que aparece en la portada, y que, reitero, es claro y contundente: “Un mundo de mujeres donde contar es descifrar”.
Algunos títulos son: La espera, Mujeres en el tren, La carta y un café, El deseo de matar. No menos interesante, y de ahí el ingenio de la autora en su escogencia, son los títulos de las pinturas de Hopper, su respectiva imagen y el año de su producción. Algunos ejemplos: Sun in and Empty Room, 1963; Automat 1927; Morning sun 1927; Office at night 1940; Cape Cod Morning, 1950; Chair Car, 1965; New York Movie, 1939.
He escogido la problemática femenina para comentar algunos pensamientos: "La disyuntiva de la decisión de cuál profesión escoger; el delicado tema de la maternidad; el estereotipo de que las mujeres no estudian en universidades; si naciste hembra, le decía, no queda más que dedicarte a lo que corresponde, a lo que cae del cielo, marido, hijos, casa, el doble oficio y la pesada carga que trae aparejada el matrimonio".
Alquimia musical es uno de los cuentos en los que, con mayor profundidad, y con gran habilidad, se contempla el tema del nacimiento de los hijos y todo lo relacionado con la situación de la pareja.
Otros temas: “Alivianar las decisiones y no caer en cuadraturas, que bastante difícil es ya existir…”. “Aunque fueron los trastornos del alma los que recrudecieron hasta hacerla perder la tranquilidad, pensando en ese pobre ser que se disponía a llegar”.
En Deseo de matar, se describe con destreza la problemática jefe/empleada, sus avatares y sus complicaciones insoslayables. Y en La espera, se plantea, sobre el embarazo, que “son sufrimientos que los hombres no comprenden. Ni han vivido unidos nueve meses al otro, ni rompen esas ataduras juntos”.
Los ejemplos anteriores son solo algunos de los que, como lectora, me ha interesado compartir.
Hasta donde tengo memoria, no se ha publicado, en nuestro medio, un texto con las características apuntadas, lo cual lo convierte no solo en innovador, sino también en texto obligado para los amantes de la literatura. Para nosotras, un espacio para disfrutar de la literatura escrita por mujeres.
amalia.chaverri@gmail.com
Amalia Chaverri es filóloga.