Columnistas

Lecciones iniciales del nuevo gobierno

Si las enseñanzas tempranas son asimiladas por el gobierno y quienes más allá de él inciden en la dinámica pública y las decisiones en democracia, el país ganará

Espero que dentro del gobierno y más allá de él hayan calado las lecciones que deja el desafortunado manejo de la primera “bronca” que decidió “comprarse”: eliminar la obligatoriedad de la vacunación y el uso de mascarillas. Entre muchas posibles, selecciono seis que considero esenciales y las divido en dos grupos: las que dependen directamente de sus decisiones y las generadas por el entorno. Al final, ofrezco una “feria”.

Primer grupo. 1. Ser precisos con los términos del debate; no exagerar ni confundir: la vacunación solo es obligatoria para algunos sectores de la población, no todos; por esto, su “eliminación” solo se referiría a ellos. Al dar a entender lo contrario, se generó ruido innecesario. 2. La mezcla de premura, mala información e inexperiencia puede ser explosiva. Las decisiones hay que pensarlas bien, consultarlas con expertos, armonizarlas con normas de mayor rango y redactarlas con cuidado. Así se reducirán riesgos y vergüenzas. 3. Apegarse a la legalidad es obligatorio, no opcional. La Comisión Nacional de Vacunación dispone sobre el tema; al resto de la administración le toca acatar. Cuando esto se olvida, el ruido aumenta; las suspicacias, también.

Segundo grupo. 1. Las anclas culturales cuentan. El país tiene una cultura de salud pública: en una encuesta del pasado octubre, el 69% estuvo de acuerdo con la vacunación obligatoria; más aún, el sentido liberal-solidario prevalece sobre el individualismo a ultranza. Navegar contra esas profundas corrientes genera turbulencias. 2. La opinión pública es una realidad social. Trasciende a los medios de comunicación e incluye academia, gremios, iglesias, expertos, funcionarios y otros sectores y personas con múltiples formas de expresarse. Creer que culpando a los primeros se neutraliza a los segundos es un enorme error. 3. El verticalismo del poder (real o percibido) no se lleva bien con el sentido democrático que, aunque algo chamuscado, es otro rasgo profundo de la identidad nacional.

Si las enseñanzas tempranas son asimiladas por el gobierno y quienes más allá de él inciden en la dinámica pública y las decisiones en democracia, el país ganará. Para esto, recomiendo también considerar una lección que a todos concierne: algunas dosis de humildad y prudencia siempre ayudan. Esta es la “feria”.

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