Columnistas

Bienvenidas las buenas ideas, pero más bienvenido el ojo crítico

Si hay que ser cauto con las buenas ideas, hay que ser doblemente precavido con las que pregonan el odio, la codicia, la arrogancia, el dominio descarnado sobre los demás o, simplemente, el insulto y la estigmatización

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Aun entre los seguidores de causas justas y nobles, hay siempre un contingente de personas arribistas, sedientas de riqueza, amigas del poder y militantes capaces de cometer, sin escrúpulo alguno, las peores fechorías. Es que las buenas ideas no implican buenas personas, sino simplemente individuos persuadidos por ellas o, a veces, ni siquiera eso, sino oportunistas dispuestos a usarlas para sus ambiciones personales.








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