Columnistas

La verdad y el soliloquio

Casi todos echamos mano del soliloquio para despejar la necesidad de decir y a veces la imposibilidad de comunicar

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Cierta vez, el pintor César Valverde me contó que estaba escribiendo un relato. Cuando lo llevaba muy adelantado, advirtió que carecía de diálogo, y eso lo hacía monótono. Entonces, según él, creó algo parecido a uno: un personaje entra en una cafetería, se encuentra con un conocido y le dice algo así como “hola, qué tal”. Problema resuelto.








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