
El pasado 3 de junio se rindió un homenaje en París al filósofo Edgar Morin, cuya vida se apagó el 29 de mayo, a la edad de 104 años. El pensamiento y las luchas de este humanista universal, sus advertencias sobre los peligros a que se enfrenta la humanidad y, muy particularmente, sobre los nuevos autoritarismos y sus tendencias destructivas, tienen hoy más vigencia que nunca.
Un incisivo analista del siglo
Desde los horrores del nazismo, que vivió en carne propia, hasta su vehemente llamado de alerta contra “los resurgimientos fascistas” en diferentes partes del mundo –como calificó el fenómeno en una entrevista publicada en abril 2026–, Morin fue un testigo privilegiado y un agudo analista del siglo.
Por ello, quienes hoy observamos con inquietud la expansión del autoritarismo y el populismo, el asedio a los jueces independientes, la persecución del periodismo crítico y el ataque a las universidades como espacios de pensamiento libre y de ciencia, no podemos evitar regresar –en honor a su memoria– al pensamiento inspirador del filósofo francés. También a sus propuestas para resistir el desmantelamiento de nuestras fortalezas democráticas.
Un luchador incansable
De padres judíos sefardíes llegados desde Tesalónica, Grecia, nació como Edgar Nahoum y conservó el pseudónimo de Morin, originado en su paso a la resistencia contra el fascismo. “Los pacifistas como yo nos convertimos en combatientes de la resistencia”.
Participó en la liberación de París, fue un crítico del estalinismo y, desde la II Guerra Mundial hasta nuestros días, nutrió con su voz los grandes debates sobre los desafíos de nuestro tiempo.
De la revolución feminista a la crisis ecológica y social, de los dilemas de la geopolítica hasta los retos actuales de la inteligencia artificial, su compromiso nunca desfallece. Pero son sus trabajos de investigación y de reflexión filosófica sobre el pensamiento y la complejidad los que marcarán su devenir intelectual y su proyección mundial.
Al examinar la crisis multidimensional derivada de la pandemia, el filósofo confirmaba en 2021 “la necesidad de un pensamiento complejo y de una acción consciente de las complejidades de la aventura humana”.
Renovación de paradigmas
Esa reflexión fecunda, que se expone en obras traducidas a más de 25 lenguas en 40 países, lo lleva a revisitar y renovar paradigmas en áreas clave de la ciencia, la filosofía, la cultura, la política y la educación.
En este último ámbito, sus contribuciones son un referente indispensable para repensar la educación del futuro, para fundamentar, decía el filósofo, “una reforma radical de nuestras formas de conocimiento y de pensamiento”, hoy indispensable para encarar estos tiempos de incertidumbre.
Y de esa vasta producción y tutelar presencia, una imagen quedará por siempre grabada en mi memoria: la inspiradora conferencia del pensador en la sede de la Unesco, en julio de 2021, en el marco de la celebración del centenario de su nacimiento.
En su generosa intervención, además de hacer un recuento de los afanes, vínculos, descubrimientos y desvelos de un siglo, Morin retoma su valiente crítica contra el neoautoritarismo y los nacionalismos cerrados que promueven el racismo, el miedo al extranjero y la reafirmación de estereotipos deshumanizantes. También reflexiona, de manera integral, sobre los riesgos actuales que amenazan peligrosamente a los sistemas democráticos.
E insiste con vehemencia en que solo cuando se reconozca nuestro destino común y nuestra compartida condición humana, fundada en la solidaridad y la fraternidad –y no en el odio ni en las guerras destructivas–, será posible hacerles frente a las aterradoras circunstancias que amenazan la convivencia y la vida misma en el planeta. “Esto no es una profecía”, dice al cerrar sus palabras, “es una advertencia”.
En Morin, la criticidad es tan poderosa y decidida como su llamado a la acción y a fortalecer, sin dejarse tentar por las ilusiones, la luz de la esperanza. Y para fundamentar ese llamado, apela a sus reflexiones y también a sus propias experiencias a lo largo de una vida azarosa y fecunda.
Llama a la unión de los humanistas y reafirma su confianza en lo inesperado. Su frase “Dudo de la humanidad, aunque sigo creyendo en ella” resume el dilema de nuestro tiempo y también el espíritu de este gran humanista, cuya valiente invitación a resistir y a actuar resuena hoy con fuerza en nuestras conciencias.
smoraescalante@gmail.com
Sonia Marta Mora Escalante es exministra de Educación Pública y exembajadora de Costa Rica en Francia y ante la Unesco.