
En días recientes, la señora de Purral acudió al consultorio de un psicólogo en busca de respuestas sobre un extraño desorden que ha ido creciendo en su interior conforme se acerca el traspaso de poderes.
Psicólogo: Buenas tardes. Cuando llamó para sacar la cita, dijo que tenía una emergencia. Cuénteme, ¿cómo le puedo ayudar?
Señora de Purral: Ay, doctor. La verdad es que estoy muy preocupada. Resulta que primero escuchaba una voz y luego, de repente, nada. Un silencio total.
Psicólogo: Mmm... A ver si le entiendo. Usted dice que escuchaba una voz interna. ¿Se refiere a la suya o a la de alguien más?
Señora de Purral: Déjeme explicarle. En el 2022 empecé a escuchar una voz ronca y con la erre arrastrada que hablaba sobre mí a cada rato. Decía que mi vida iba a cambiar, que iba a solucionar mis problemas y que se iba a comer mis broncas.
Psicólogo: ¿Y esa voz la escuchaba con frecuencia?
Señora de Purral: Ahora que me lo pregunta, caigo en cuenta de que la oía principalmente los miércoles. Resonaba por todo lado: radio, televisión, redes sociales. Era insistente. Siempre hablando de mí, siempre prometiendo cosas.
Psicólogo: ¿Pero qué le decía?
Señora de Purral: Diay, pues un montón de cosas. Que iba a bajar el precio del arroz y las medicinas, que iba a frenar la ola de homicidios, que iba a construir mejores carreteras, que iba a arreglar la educación, que iba a reducir las tarifas eléctricas.
Psicólogo: ¿Y usted cómo se sentía?
Señora de Purral: Un poco confundida. Por un lado, resultaba esperanzador escuchar que alguien me tuviera tan presente. Pero, con el paso del tiempo, comencé a percibir un distanciamiento. La voz sonaba cada vez más irritada, como descompensada.
Psicólogo: ¿A qué se refiere?
Señora de Purral: No sé cómo explicarle. De un momento a otro, escuchaba como una especie de gato rabioso que lanzaba gruñidos contra un montón de gente. Era una tiradera de todos los días, pero se olvidó de mí y de mis cosas.
Psicólogo: ¿Quiere decir que ya no escucha la voz original?
Señora de Purral: Ehh, lo cierto es que dejó de hablarme. Ya no me volvió a mencionar. No entiendo qué pasó, pero ahora siento un vacío después de tanta alharaca.
El psicólogo trataba de ordenar sus anotaciones cuando la paciente le lanzó una pregunta.
Señora de Purral: Ay, doctor, dígame, por favor, qué tengo. ¿Se trata de algo grave?
Psicólogo: Estimada señora, usted padece un problema crónico conocido como SCFPI: Síndrome del Ciudadano Frustrado por Promesas Incumplidas.
Señora de Purral: ¿Y eso cómo se cura?
Psicólogo: Lo que le recomiendo es, en adelante, elegir con más cuidado a qué voces les presta atención y, sobre todo, aprender a medir los resultados. Porque, mi estimada señora, las palabras se las lleva el viento.
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Ronald Matute es jefe de Información de ‘La Nación’.
