Columnistas

La propuesta semiparlamentaria

Países como España e Italia deben servir de ejemplo a quienes defienden un nuevo sistema.

Fernando Zamora
Fernando Zamora

Cada cierto tiempo, políticos insisten en que una salida a nuestros problemas depende de convertirnos al semiparlamentarismo. La lógica que defiende esa idea consiste en el razonamiento de que la ingobernabilidad afecta el desarrollo y, consecuentemente, debemos corregirla instaurando un nuevo modelo.

Alegan que en sociedades políticamente fragmentadas, ese régimen facilita la interacción, la negociación y la comunicación de sus fuerzas. Palabras menos, palabras más, esa ha sido la argumentación. En días recientes, publiqué en las redes sociales un breve comentario donde confronté ese razonamiento, y aquí lo explicaré con mayor amplitud.

Mi primer argumento: no es cierto que un sistema parlamentario decisivamente mejore la gobernabilidad. Por el contrario, reconocidos juristas, como el español Adolfo Posada, han criticado el parlamentarismo, precisamente por estimular la ingobernabilidad. Si no, veamos la experiencia histórica. Un ejemplo implacable es la realidad de parlamentos como el español o el italiano. Como resultado de su atomización política, España tiene serios problemas de gobernabilidad.

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