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La peligrosa impaciencia frente a los límites del poder

Costa Rica necesita autoridades que enfrenten al crimen, sí, pero sin convertir la excepción en método ordinario de gobierno

Puño apretado en primer plano, hombre con traje
Puño apretado en primer plano, hombre con traje Shutterstock
Puño apretado en primer plano, hombre con traje
La promesa de “mano dura” del actual gobierno trae algo de fondo: empieza a perfilarse una forma de entender el poder público en que los controles democráticos, las garantías y los contrapesos se presentan, cada vez más, como obstáculos para gobernar. (Shutterstock/Imagen)

Costa Rica inició un nuevo ciclo político con un mandato de continuidad desde las urnas y con una ciudadanía atravesada por miedos reales: el crecimiento de la violencia, del narcotráfico y de la sensación de desprotección.

Ese miedo no es inventado ni menor. Sería irresponsable minimizarlo. Pero precisamente por eso conviene mirar con serenidad lo que se ha sugerido en nombre de la seguridad. No es solo la promesa de “mano dura”. Algo inquietante viene en el fondo: empieza a perfilarse una forma de entender el poder público en la que los controles democráticos, las garantías y los contrapesos aparecen cada vez menos como resguardos de la libertad y cada vez más como obstáculos para gobernar.

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