En una de sus últimas declaraciones, doña Laura Virginia Fernández Delgado anunció que el día de su toma de posesión será histórico. ¿Por qué? Porque la juramentación del nuevo gabinete y el primer consejo de gobierno se realizarán en el Estadio Nacional y con presencia de público, como muestra de “democracia y libertad”.
Lamentablemente, otro día histórico le robó la atención al anuncio local: el éxito de la misión Artemis II, con su fascinante mirada al lado oscuro de la Luna. ¿Será, acaso, el deseo de la próxima presidenta una revelación velada sobre el lado oscuro de los tantos consejos de gobierno en que ha participado? De ser así, es una buena señal.
De toda suerte se aplaude su vocación cívica, aunque buena parte de la audiencia el 8 de mayo no llegue a entender de qué se trata el asunto y otro tanto corra el riesgo de aburrirse soberanamente.
Asimismo, para quienes sentimos curiosidad sobre el estilo de gobierno que está empezando a esculpir doña Laura, la entusiasta proclama sobre el a su juicio histórico evento ofrece algunas pistas.
Ampulosidad, para empezar. Su famoso “habrá cambios profundos e irreversibles”, en el discurso de triunfo el 1.° de febrero, fue sobre todo un sonoro gracias para su feligresía en tono de continuidad.

O posteriores expresiones sobre la mano firme que les espera a narcotraficantes y delincuentes, un nadar a contracorriente con respecto a los cuatro años de mano floja de la administración saliente en materia de inseguridad ciudadana. Otra buena señal.
Por el contrario, su arrebato de –palabras más, palabras menos– “¿qué clase de candidatos son ustedes? Costa Rica merece mejores candidatos”, con que fustigó a los aspirantes presentes en uno de los últimos debates televisivos, fue patético. ¿Falta de control emocional en momentos límite?
Es prematuro sacar conclusiones, pues es poco lo que doña Laura ha mostrado hasta ahora y poco lo que se conoce de ella como persona y académica. Por ejemplo: ¿Qué libro lee en este momento? ¿Se informa del acontecer mundial por Facebook y otras redes sociales o se decanta por medios como The Wall Street Journal o The Economist? ¿Qué opina del conflicto en Oriente Medio? ¿Cómo define sus fortalezas como política?
En todo caso, sí hay margen para reiterar algunas de las condiciones esenciales que debe tener un buen gobernante. Y también para expresar deseos, muy propios, sobre el modelo de presidenta que yo añoraría como ciudadano.
En el plano personal y en primer lugar, honestidad e integridad a toda prueba. Asimismo, que cultive las virtudes de la tolerancia, la humildad, el sentido de justicia, la solidaridad, la autocontención, la firmeza, el equilibrio emocional y la empatía.
En el desarrollo de sus elevadas funciones, que tenga visión de largo plazo, que sea lideresa positiva, acertada para organizar y delegar, transparente, disciplinada, que genere confianza mutua y búsqueda de excelencia y que haga un uso inteligente de su autoridad.
Además, creo que las mujeres en puestos de alta jerarquía están llamadas por naturaleza a obtener grandes logros y experiencias de beneficio común. La historia está llena de buenos ejemplos.
Porque ellas añaden muchos méritos más: trabajo arduo y variado, responsabilidad, rectitud, lealtad, entereza, sacrificio, perseverancia, generosidad, prudencia y, por supuesto, bondad, tan necesaria hoy día.
Ojalá doña Laura pueda verse motivada en el modelo de grandes dirigentes internacionales, como Indira Gandhi, quien transformó a la India como potencia regional y luchó incansablemente contra la pobreza y la igualdad de género.
Y me permito aquí una digresión: la travesura de especular que don Rodrigo de Jesús Chaves es el primer ministro saliente de India en este momento, y calcular que su nivel de popularidad reciente, de alrededor de 60%, extrapolado al subcontinente asiático, representaría 884 millones de admiradores. Escalofriante, ¿no?
Mas sigamos con los ejemplos femeninos destacados en la conducción de un país.
Ojalá nuestra nueva mandataria repase las carreras de Golda Meir y Margaret Thatcher, con sus luces y sombras, como suele ocurrir con las grandes figuras (del Reino Unido, dicho sea de paso, no nos caería nada mal como país un poquito de flema y elegancia británicas).
O la imponente figura de Angela Merkel, canciller de Alemania por tres periodos consecutivos y considerada en su tiempo la mujer más poderosa del mundo.
Asimismo, en vista de que veo a doña Laura como una suerte de Evita Perón tropical, quizás no amante del tango, pero sí de la música regional mexicana, ¿qué tal una miradita a la corta pero relevante historia de la ex primera dama argentina? Un repaso de sus luchas contra la pobreza y la desigualdad económica y a favor de las mujeres, los ancianos y los trabajadores en general.
Y mi última, y más cercana en tiempo y espacio, sugerencia. Siempre y cuando ella no esté entre los miles de costarricenses que, con el pobre juicio crítico del que hacemos gala muy a menudo, no simpatizan con ese gran y hermoso país que es México porque siempre nos gana en fútbol. Siga atenta a Claudia Sheinbaum, sobre todo en su defensa de la soberanía mexicana y sobria firmeza ante los desatinos estadounidenses.
Qué gusto da ver cómo Sheinbaum no tiene entre las enaguas en el Palacio Nacional a su mentor y anterior presidente, aunque Andrés Manuel López Obrador haya dejado el poder con una popularidad de alrededor de 70%.
Para terminar en modo body language lo que sería mi carta al Niño, una respetuosa sugerencia a la futura gobernante, quien tiene muy buena presencia y siempre anda muy prendidita: no alce la cabeza cuando hable, menos si está enojada; ese ángulo no la favorece.
Y mejore la dicción y la pronunciación. No arrastre las erres; es muy tico, pero sigue siendo una polada.
Que Dios la acompañe. No ande sola muy tarde y evite las malas juntas. Y sobre todo, que Dios la ilumine, porque si a usted le va mal, nos lleva p (con p de pueblo) a todos.
Juan Fernando Cordero Arias es periodista y empresario turístico.