Mañana se conmemora el Día Internacional de las Mujeres. En ese contexto, suele hablarse de desigualdades en el mercado laboral y el uso del tiempo en la edad adulta, pero muchas de esas brechas comienzan mucho antes y se reflejan a lo largo de la trayectoria educativa.
Los datos del Índice de Competitividad Nacional del Consejo de Promoción de la Competitividad permiten seguir ese recorrido paso a paso, desde la formación técnica en secundaria hasta la inserción laboral.
El primer eslabón aparece en los colegios técnicos del MEP. Entre 2020 y 2024, más de 63.000 estudiantes se matricularon en especialidades vinculadas a tecnologías de información y comunicación (TIC). De ellos, 23.304 eran mujeres y 39.954, hombres. Dicho de otra manera, por cada diez hombres que estudian estas especialidades, hay aproximadamente seis mujeres.
El patrón continúa incluso cuando se añaden ofertas técnicas del INA y otras alternativas. Entre 2019 y 2023 se graduaron en carreras técnicas vinculadas a TIC cerca de 49.000 personas, de las cuales 22.114 son mujeres. En este caso, la brecha se reduce, pero no desaparece: hay alrededor de ocho mujeres por cada diez hombres graduados.
La distancia vuelve a ampliarse en la educación universitaria. En carreras de ingeniería y tecnología se graduaron 25.132 personas entre 2019 y 2023. De ellas, 9.254 son mujeres. Esto equivale a cerca de seis mujeres por cada diez hombres. En otras palabras, poco más de un tercio de quienes obtienen títulos universitarios en estas áreas son mujeres.
Esta segmentación coincide con lo que muestran los datos recientes de admisión en la Universidad de Costa Rica: las ingenierías siguen siendo mayoritariamente masculinas (80%), mientras que carreras como Educación y Trabajo Social concentran una proporción mucho mayor de mujeres (90%).
Finalmente, esa trayectoria educativa se refleja en el mercado laboral. En Costa Rica hay aproximadamente 6,5 mujeres con empleo por cada diez hombres, y en ningún cantón del país las mujeres alcanzan niveles de ocupación similares a los de los hombres.
Visto en conjunto, el panorama es claro. La brecha laboral no aparece al momento de buscar trabajo. Se va construyendo gradualmente: primero en las decisiones educativas, luego en la formación técnica y universitaria, y finalmente en las oportunidades de empleo. Por eso, si el objetivo es reducir las desigualdades en el mercado laboral, también es necesario mirar hacia atrás y entender cómo se forman esas diferencias mucho antes de que comience la vida laboral.
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Andrés Fernández Arauz es economista.
