“Me109cito”, escribió un ingenioso para ahorrar tiempo y esfuerzo y, de paso, alardear de su chispa. ¿Y por qué no? Después de todo, han surgido maneras novedosas de escribir en castellano, especialmente en las redes sociales. Por ejemplo: “k pv tqm”. Traducción: “¡Qué pura vida! Te quiero mucho”. Digamos que, por conveniencia o pereza, y acicateados por la premura, jibarizamos las palabras.
Me formulo entonces dos preguntas: ¿Se valen esas maneras de escribir? ¿Será que, dentro de unas décadas, lo haremos de esa manera? La primera interrogante es normativa y la segunda, especulativa, aunque se basa en una observación histórica: escribimos de manera muy distinta nuestro idioma que tres siglos atrás. Pensando en lo rápido que se mueven las cosas, no podemos descartar cambios drásticos en poco tiempo, cuando antes tomaban buen rato.
Quedémonos entonces con la primera cuestión, si se vale esa manera de escribir. Podríamos argumentar que si la gente la usa es porque la entiende y se da a entender, en cuyo caso se cumple el precepto básico del pensamiento escrito: permitir la comunicación. Además, podría agregar que los idiomas, al estar vivos, siempre están en permanente construcción y cambio. Entonces, ¿por qué rechazar innovaciones como estas?
Estas observaciones son ciertas, pero no alcanzan como justificación. Sin duda, los idiomas tienen mucha plasticidad, pero todos poseen estructura y su evolución es orgánica, gradual. A priori, nunca sabremos si una innovación en la escritura es pura moda o el inicio de un gran cambio, pues siempre hay una dosis de prueba y error. Sin embargo, sí sabemos que es muy difícil expresar pensamientos complejos, cargados de sutilezas y precisiones, si reducimos la escritura a ciertas abreviaciones y sustitutos fonéticos.
En otras palabras, quizá la jibarización ortográfica sirva para comunicaciones sencillas, estandarizadas, como cuando uno escribe la abreviatura ok: expresamos nuestro acuerdo con algo y todo el mundo así lo entiende, aunque nadie conoce las palabras que originalmente dieron lugar a esta expresión. Ni falta que hace: más fácil escribir ok. Si no ando muy despistado, el problema sería la ambición de refundar artificialmente la escritura en castellano a partir del uso generalizado de siglas: provocaría una gran extinción de las ideas, la imaginación y los significados.
vargascullell@icloud.com
El autor es sociólogo, director del Programa Estado de la Nación.