
Durante más de 30 años, la pregunta que una empresa transnacional podía hacerse para valorar por qué deslocalizar uno o varios de sus procesos a Costa Rica era relativamente sencilla de responder.
El país ofrecía estabilidad institucional, seguridad jurídica, exenciones fiscales, una buena ubicación geográfica y trabajadores calificados capaces de ejecutar procesos intensivos en conocimiento, a costos menores que los de las economías desarrolladas.
La combinación de todos estos factores, aunada al esfuerzo que Costa Rica realizó para promocionarse, hizo posible que nos convirtiéramos en uno de los destinos más exitosos en la atracción de inversión extranjera de América Latina.
Hoy, esa respuesta comienza a ser menos obvia. No porque el modelo haya dejado de funcionar, sino porque las condiciones que explicaron su éxito están cambiando rápidamente.
Durante décadas, una cantidad significativa de empresas extranjeras trasladó a nuestro país centros de servicios y otras operaciones intensivas en conocimiento. Sin embargo, la convergencia de inteligencia artificial, automatización, robótica y agentes inteligentes podría modificar esa ecuación. Si procesos que antes requerían cientos o miles de profesionales pueden ejecutarse con una fracción de ese personal, los incentivos económicos para trasladar determinadas operaciones fuera del país de origen podrían reducirse significativamente.
A ello se suma un segundo cambio igualmente trascendental. La implementación del impuesto mínimo global promovido por la OCDE y el G20 reducirá progresivamente la importancia de los incentivos fiscales para las empresas.
Si estas dos tendencias se consolidan, Costa Rica podría enfrentar, por primera vez en varias décadas, la necesidad de una revisión profunda de los pilares sobre los cuales construyó su estrategia de atracción de inversiones y generación de empleo.
Ello no significa que todas las actividades afronten el mismo desafío. Los servicios corporativos parecen estar más expuestos a estas tecnologías que la manufactura avanzada, donde la automatización probablemente se utilizará, al menos en el mediano plazo, para aumentar la productividad más que para sustituir el trabajo humano.
Pero el mensaje de fondo es claro: las razones que explican por qué una empresa decide deslocalizar una operación en determinado país están comenzando a modificarse más rápidamente de lo que imaginamos.
El punto de partida consiste en responder una pregunta que rara vez forma parte del debate público: ¿en qué actividades quiere y puede competir el país dentro de 20 años o más? Solo a partir de esa definición será posible alinear la política comercial, la atracción de inversiones, la regulación, el desarrollo de infraestructura, la ciencia, la tecnología y la formación de nuestro talento humano al nuevo entorno. Pero esto, incluso, será insuficiente si el país no responde una pregunta más difícil: ¿dónde trabajarán quienes sean desplazados por estas nuevas tecnologías? Porque sí, esto será inevitable.
Durante décadas, asumimos que una persona estudiaba una profesión al inicio de su vida laboral y la ejercía hasta su retiro. Ese paradigma comienza a desaparecer. La formación continua y la reconversión permanente del capital humano serán indispensables para mantener la competitividad del país y los trabajadores.
Si, anteriormente, la discusión fue cómo atraer más inversión extranjera, la de ahora es más acotada: ¿por qué, dentro de diez o 20 años, una empresa multinacional elegiría Costa Rica para establecer una operación?
El desafío no consistirá únicamente en atraer inversión a partir de las ventajas competitivas que nos habían funcionado hasta hoy. Debemos empezar a trabajar, ahora mismo, en la construcción de las nuevas ventajas competitivas que requerimos, antes de perder las que ya tenemos, si queremos seguir siendo un destino atractivo para las inversiones.
Lo que viene es fuerte, disruptivo y está a la vuelta de la esquina.
Hace un siglo, las exportaciones de café oro representaban entre el 60% y el 80% de las exportaciones de bienes y las de banano, entre un 20% o 30%. Actualmente, estos productos representan alrededor de un 2% y un 3% del total de las exportaciones de bienes de Costa Rica, respectivamente. Logramos reinventar nuestro modelo de desarrollo. La inteligencia artificial y la nueva arquitectura tributaria internacional no anuncian necesariamente el fin de ese modelo, pero sí marcarán el inicio de una nueva etapa y grandes retos que enfrentar.
La pregunta ya no es por qué Costa Rica hoy. La verdadera discusión es: ¿por qué Costa Rica... mañana?
yannisterloff@gmail.com
Yanni Sterloff es abogado especialista en regulación de los mercados financieros y pensiones.