Columnistas

Inversión en agricultura

El modelo imperante tiene dificultades para expandir sus beneficios hacia las regiones menos desarrolladas

La inversión extranjera directa (IED) ha sido la impulsora del progreso social de Costa Rica en los últimos 40 años. Es vital para la creación de empleo, el incremento de la productividad, el mejoramiento de la infraestructura, la adquisición de tecnología y la entrada de divisas.

En medio de la crisis de la deuda, costarricenses visionarios propusieron un modelo de desarrollo basado en la atracción de inversiones con el fin de acceder al capital necesario para promover la transformación productiva a través del comercio exterior.

Los resultados de esta estrategia son bien conocidos. Muchos de los mejores empleos están en el sector exportador y el régimen de zona franca. Las divisas generadas, tanto de las exportaciones como de la IED, son cruciales para cubrir nuestras necesidades de importación.

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