Jaime Daremblum. 29 enero

La obra cinematográfica Roma, del mexicano Alfonso Cuarón, ha alcanzado una extensa popularidad hispanoamericana. El aplauso unánime de nuestros países se debe a que la película refleja imágenes, sentimientos, situaciones y valores comunes en nuestras naciones.

No logré apartar en un rincón mis vivencias que en mucho vi reflejadas en Roma. Crecí en el barrio La Estrella, La Castellana, El Peñón Rojo y La Martinica, entre vecinos de la emergente clase media josefina de la avenida 10. En la escuela Juan Rudín, donde tuve la enriquecedora experiencia de la educación primaria con la recordada niña Gloria Zeledón, hubo compañeros del barrio, aunque el cuerpo estudiantil era más extenso y abrazaba otros distritos capitalinos.

En el balance del filme, mi voto a favor de la actuación y el humanismo que proyecta la actriz Yelitza Aparicio

Mi familia se trasladó a San Pedro de Montes de Oca, cerca del Liceo José Joaquín Vargas Calvo. De ahí surgieron amistades de toda una vida. Mis profesores dejaron sus huellas firmes en mi desenvolvimiento ulterior. Todos ellos merecieron mi admiración y afecto.

Estas vivencias claves no las vi en el barrio Roma de la película. En esta, el centro de la vida familiar se concentra en la casa particular y se extiende a un enramado ocasional de parientes. Estas características no cambian con la separación del padre, que se aleja y solo reaparece en un hospital donde es alto funcionario.

La jefatura hogareña la ejerce la madre con cierta habilidad, pero sus vacíos escénicos amenazan convertirse en tragedias. La empleada doméstica, en cambio, una indígena mixteca, emerge como un ángel salvador que toma cuidado de los niños en todo momento, al punto de salvarles la vida al aventurarse dentro del mar durante una excursión familiar.

Conmueve observar a esta humilde mujer, quien no sabe nadar, arrojarse al mar arriesgando su vida para rescatar a varios de los niños a su cuidado, perdidos entre el agitado oleaje. Y en México, agitación política y violencia social.

En el balance del filme, mi voto a favor de la actuación y el humanismo que proyecta la actriz Yelitza Aparicio, de hogar mixteco, que se posesiona de los corazones del público. Para ella, mil óscares y tantas más preseas.