La prensa internacional ha sido pródiga en rememorar en estos días a Michel Bacos, el heroico piloto francés del avión de Air France que, secuestrado por terroristas palestinos, fue llevado a Entebbe, Uganda, el 27 de junio de 1976. Los secuestradores del Frente Popular para la Liberación de Palestina, conjuntamente con forajidos de la agrupación criminal germana Baader-Meinhof, tomaron el control de la nave pocos minutos después de despegar de Atenas. El aparato procedía de Tel Aviv en un vuelo a París.
Al llegar a Uganda, los secuestradores no hicieron secretos sus designios como admiradores de los nazis que eran. Los pasajeros, una vez desembarcados en el aeropuerto de Entebbe, fueron segregados entre judíos y otros. Los judíos quedaron detenidos en condiciones deplorables, privados mayormente de aire acondicionado en un salón reducido. De antemano, los cuadros de mando del gobierno israelí procedieron a diseñar diversas opciones de rescate que representaran el menor peligro posible para los 240 pasajeros.
Tres días después los secuestradores anunciaron que dejaban en libertad a 148 rehenes no judíos y a la tripulación de la nave. Fue en esas circunstancias que el capitán francés del avión, Michel Bacos, declaró que no abandonaría al grupo judío. La tripulación se adhirió al pronunciamiento. Entretanto, preparativos en Israel concretaron una misión militar ultrasecreta para viajar a Entebbe y liberar a todos los retenidos. La operación es considerada el rescate magistral en los anales militares.
El contingente hebreo aterrizó en una zona oscura de la pista aérea y, en silencio, las tropas se desplazaron al edificio donde permanecían detenidos los pasajeros, sus cancerberos nativos y la banda criminal secuestradora.
Antes del amanecer, los israelíes ya habían tomado la torre de control y los salones de pasajeros. Los liberados, con sus ojos abiertos, no creían lo que observaban.
Una operación nunca antes vista y el ejemplo heroico del capitán del avión, que escogió quedarse con aquellos que estaban bajo su cuidado. Las condecoraciones brillaron por su justicia.
El capitán Bacos pasó el resto de sus años con sus parientes cercanos en Niza. La semana pasada, cumplidos los 94 años de vida, el héroe falleció. En mi familia, hemos rogado al Altísimo por su eterno descanso.
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El autor es politólogo.