Las medidas impuestas por Viktor Orbán, el dictador húngaro, son tenazas autoritarias. Las palabras son ahora, como tantas veces en las épocas de Hitler, Stalin y diversos regímenes de fuerza, manipuladas para estrangular las moribundas libertades fundamentales.
En la realidad, persiste una línea divisoria, fácilmente observable, entre la genuina lucha contra las amenazas víricas y las medidas que gobiernos despóticos utilizan para endurecer sus políticas neofascistas.
Es el caso de una ley aprobada la semana pasada, que salta el precipicio de la verdad a fin de frenar, y así lo ordena la dictadura, todo control sobre las actuaciones oficiales. Tal giro le permitirá a Orbán actuar sin restricciones. ¡Vaya frenos a los despotismos!
Está claro que los obstáculos a la democracia no son nuevos en Hungría. Desde el 2002, cuando volvió a la presidencia y mucho antes de la actual pandemia, Orbán ha socavado el sistema democrático.
Organismos no gubernamentales, entre ellos el prestigioso Freedom House, han calificado al país de solo “parcialmente libre”.
La propagación de la covid-19, que ha enfermado en Hungría a 817 personas (hasta ayer, según datos del John Hopkins), es el pretexto ideal para el más reciente arrebato de poder de Orbán. Bajo la nueva legislación de emergencia, su partido de extrema derecha Fidesz puede gobernar sin desafíos, sobrepasando el Parlamento y las leyes. También, le permite detener y encarcelar por plazos que considere adecuados a quienes promuevan historias o rumores contra su gobierno.
Aunque otros países europeos han tomado sus propias medidas para contrarrestar los efectos del coronavirus, las húngaras son las más extremas y permanentes.
La crisis húngara no pudo golpear a la Unión Europea en tiempos más difíciles, pues pone a la Unión a encarar a uno de sus asociados que más ventajas ha obtenido.
Lo anterior incluye la membrecía en agrupaciones que captan grandes flujos financieros que reparten entre los miembros.
El problema de Hungría va más allá, incluso su amistad con Benjamín Netanyahu y Donald Trump. Todo roce con estas figuras, suele traer graves consecuencias que Orbán difícilmente toleraría. Ojalá mejores vientos ayuden a ese país.
El autor es politólogo.
