
Quizás sea posible aplicar el método científico para responder una pregunta que leí en una conversación en WhatsApp: ¿y si quienes están en contra del chavismo son los equivocados?
Hagamos el intento con una herramienta que se remonta a Aristóteles y que fue impulsada por Ibn al-Haytham, Bacon, Galileo, Descartes y Newton. Hume y Mill agregaron reflexiones decisivas.
En el siglo XX, Bunge integró problemas, teorías, modelos y medición, mientras Popper sostuvo que el conocimiento debe exponerse a refutación: observar miles de cisnes blancos no demuestra que todos sean blancos; encontrar uno negro derriba esa afirmación. Kuhn, Lakatos y Merton completaron una visión crítica, empírica y social de la ciencia.
Para simplificar, pensemos que consumir azúcar en exceso perjudica la salud. En estadística —aunque no sea exactamente lo mismo que la falsación popperiana— podríamos formular: H0, el consumo excesivo de azúcar no perjudica la salud. La evidencia acumulada terminaría por obligarnos a rechazarla.
Ahora transformemos la pregunta original. H0: el chavismo es el movimiento político más conveniente para Costa Rica. Según sus defensores, acólitos, monaguillos y sacristanes —troles ya no; ahora son una fanaticada confesa—, representa el nuevo orden: más bienestar, menos corrupción, mayor equidad, mejores empleos, más seguridad ciudadana y una seguridad social fortalecida. Todo bajo la máxima de que, si el sistema está dañado, conviene destruirlo para luego construir.
La honestidad científica obliga a reconocer resultados favorables. La pobreza de los hogares bajó al 15,2% en el 2025 y el desempleo cerró ese año en 6,3%. La economía, en términos macroeconómicos, también creció. Negarlo sería tan anticientífico como atribuir cada mejora al Gobierno.
Advertencia
Pero cuidado. El Estado de la Nación advirtió que el crecimiento se concentró en el régimen especial, mientras el régimen definitivo, donde trabaja el 88% de las personas ocupadas, avanzó mucho menos. La disminución del desempleo tampoco significa más oportunidades: a inicios del 2026 la participación laboral había caído 2,4 puntos porcentuales y la ocupación llegó al 50,7%. Hay menos desempleados, en parte, porque también hay menos personas buscando trabajo.
La pobreza descendió, sí, pero persisten brechas que contradicen la promesa de equidad. En el 2025 afectaba al 13,6% de los hogares urbanos y al 19,3% de los rurales; alcanzaba el 24,9% en la región Huetar Caribe y el 23,8% en la Brunca. El coeficiente de Gini fue 0,488. Mejorar el promedio no implica distribuir mejor las oportunidades.
En educación, la inversión pública cayó desde alrededor del 7,5% del PIB en el 2017 hasta cerca del 5% en el 2025, lejos del mandato constitucional del 8%. En salud, las listas de espera de la Caja acumulaban cerca de 1,3 millones de registros: personas que esperaban cirugía, consulta especializada o diagnóstico. A la vez, la deuda estatal con la institución alcanzó ¢4,43 billones, de los cuales, el 81,3 % correspondía al Seguro de Salud.
La promesa de mayor seguridad tampoco supera la prueba. El país registró 872 homicidios dolosos en el 2025 y permaneció, por tercer año consecutivo, en niveles históricamente altos. El 60% de las víctimas tenía entre 12 y 35 años. En corrupción, Costa Rica obtuvo 56 puntos de 100 en el índice de Transparencia Internacional, dos menos que el año anterior. El anunciado salto de probidad no aparece.
Queda la democracia. Costa Rica sigue siendo una democracia liberal sólida gracias a elecciones competitivas, prensa plural, justicia constitucional, órganos de control y límites al poder. Por eso alarma presentar esas instituciones como estorbos.
Reporteros sin Fronteras ubicó al país en el puesto 38 de 180 en el 2026, después de ocupar el quinto lugar en el 2021, y señaló ataques verbales, restricciones a la información pública y riesgo de autocensura. El Estado de la Justicia documentó ataques persistentes contra el Poder Judicial. Destruir contrapesos no repara la democracia: la deja indefensa.
Dato incómodo
Los resultados de la última elección presidencial arrojan un dato incómodo: una fuerte relación inversa entre el Índice de Desarrollo Humano y la ventaja electoral del oficialismo. Esto no prueba causalidad ni permite juzgar individualmente a sus votantes; lo que indica es que el chavismo cosechó mayor respaldo donde el desarrollo humano era menor. El malestar es real; que su intérprete sea lo más conveniente es otra hipótesis que debe probarse con resultados, no con aplausos.
La evidencia no demuestra que todo haya empeorado ni que haya ningún logro. Señala algo más preciso: la afirmación absoluta de que el chavismo es el movimiento más conveniente para Costa Rica no resiste una evaluación multidimensional.
El crecimiento no basta si genera poco empleo; la reducción de la pobreza es frágil pues convive con la desigualdad territorial; y ningún resultado macroeconómico compensa el deterioro de la educación, la salud, la seguridad, la transparencia o los contrapesos democráticos.
Por tanto, rechazo la hipótesis nula.
No por animadversión, nostalgia partidaria ni miedo al cambio. La rechazo porque así lo indican los datos. Cuando la evidencia contradice el relato, quien actúa científicamente corrige su hipótesis; la fanaticada, en cambio, modifica la realidad.
juan.romero.zuniga@una.ac.cr
Juan José Romero Zúñiga es médico veterinario, epidemiólogo y académico investigador en la UNA y la UCR. Ha publicado múltiples artículos científicos en revistas internacionales.
