La Fundación Omar Dengo (FOD) es un patrimonio nacional. Como tal, debemos utilizarlo, mejorarlo y consolidarlo. Tiene dimensiones múltiples, pero su gran crisol de impacto es el Programa Nacional de Informática Educativa (Pronie). Al cumplir 35 años, la ministra Katherine Müller y el Consejo Superior de Educación decidieron eliminarlo, sin razones válidas ni plan B para sustituirlo. Consecuentes con un estilo de mando cada vez más típico, la “lógica” fue destruir primero y ver qué se hace después. El daño será enorme. Ya comienza a sentirse.
La FOD, establecida en 1987, es pionera y líder en muchas cosas, pero me atrevo a destacar como las dos más importantes los modelos pedagógicos y de gestión. Su éxito es palpable en las aulas y en las oportunidades de quienes han pasado por ellas; también, en su agilidad, flexibilidad, transparencia y eficiencia. Por algo es reconocida dentro y fuera de Costa Rica.
El modelo pedagógico, impulsado por los Laboratorios de Informática Educativa (LAI), no concibe las computadoras y redes como fines en sí mismos, sino como instrumentos para promover competencias cognitivas y emocionales entre estudiantes y educadores. Las primeras estimulan capacidades como las de investigar, resolver problemas y mejorar la productividad. Las segundas generan destrezas para interactuar, colaborar y comunicarse; es decir, empoderarse. Ambas dinamizan los programas de estudio.
