“Eso no puede pasar aquí” fue la frase más repetida en Costa Rica en los últimos cuatro años. Y no lo digo solo por los excesos de Rodrigo Chaves y del chavismo, sino también por fenómenos que habían aparecido previamente y que fueron potenciados por el oficialismo en una hábil estrategia de comunicación política, como el odio a las “élites corruptas” y la oposición entre “buenos” que me apoyan y “malos” que no lo hacen, la violencia criminal del narcotráfico y la brutal fractura entre las provincias costeras y el centro. Un centro que sigue siendo el núcleo geográfico del país, aunque el eje político se haya desplazado a la periferia y hacia esa otra periferia que es el resentimiento alimentado por las redes sociales.
De resentimiento es de lo que se nutre Eso no puede pasar aquí, una novela de Sinclair Lewis publicada hace 91 años –antes de que se inventaran los términos “distopía” o “posapocalíptico”–, en la que un político demagogo, trasunto del populista Huey Long, gobernador de Luisiana, derrota a Roosevelt después del crac de 1929 y convierte a Estados Unidos en una dictadura fascista.
Un amigo filósofo dice que la historia del pensamiento es un bucle de tiempo y que, en él, Freud pudo ser la principal influencia de Platón, quien escribió 2.300 años antes. De ser cierto, Trump es la inspiración de Eso no puede pasar aquí. El protagonista manipula el descontento popular y capitaliza el voto señalando como culpables de la crisis a los inmigrantes, la prensa “canalla” –el añadido es mío– y las “élites corruptas”.
Pero, tranquilos, es pura ficción. “Solo los nombres son falsos”, como advierten ciertas películas. Pero lo valioso de la literatura es que nos hace ver la realidad con otros ojos. Y entenderla mejor. O anticiparnos a ella.
Eduardo Lizano, el economista costarricense más influyente de la segunda mitad del siglo XX, me dijo alguna vez que le sorprendía que las sociedades no fueran capaces de transformarse si no estaban en crisis. Y me lo dijo antes de que se manifestaran los primeros signos de la que estamos viviendo, aunque quizá percibía el magma candente acumulándose bajo el volcán, a punto de estallar.
El problema de una crisis es que se sabe cuándo comienza, pero no cuándo ni cómo termina. Y si nos llevará a algo peor.
Ahora, que estamos al principio del segundo gobierno del chavismo, o de lo que podría ser la administración de Laura Fernández –una sutil diferencia que se despejará en los próximos meses–, vuelvo sobre ese incrédulo “eso no puede pasar aquí” que nos debe mantener en alerta.
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Carlos Cortés es escritor, periodista y catedrático de la Universidad de Costa Rica (UCR).