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¿Es ‘una gripecita’ la covid-19 por ómicron?

Eso de que lo mejor es exponerse para infectarse y enfermar ‘con el fin de parar esto de una vez’ es una soberana tontería

Con mucha pena, y más que todo con preocupación, leo frases pronunciadas por políticos y miembros de esferas económicas criollos, y por otros de fuera de nuestras fronteras, quienes dicen que la ola actual de covid-19, causada mayormente por la variante sumamente contagiosa ómicron, no es más que una gripecita o un resfrío; incluso, algunos afirman que no mata a nadie.

Según lo expresado, las medidas restrictivas resultan excesivas, cualquiera que sea su magnitud, y en nada vienen a favorecer los sistemas sanitarios de los países y mucho menos a sus economías, todo lo contrario.

Leer o escuchar tales afirmaciones da pena ajena. Desconocer el terrible impacto de la nueva ola de contagios de covid-19 en el mundo denota un enorme grado de ignorancia y falta de respeto a la inteligencia de los demás y empatía hacia las personas enfermas, especialmente las hospitalizadas, las fallecidas y su círculo familiar y seres queridos.

Es una muestra de extrema ausencia de humanidad, lo que menos se espera de quienes dirigen o aspiran a dirigir los destinos de un pueblo y de los empresarios.

La nueva variante del SARS-CoV-2, la ómicron, desde muy temprano, desplazó a la variante delta, su predecesora; así, en las primeras cuatro semanas alcanzó, a escala global, entre 230.000 y 250.000 nuevos casos diarios.

Incremento exponencial

Fue solo el arranque, pues, a partir de entonces, el incremento exponencial nos ha llevado a 3,3 millones de infecciones en un solo día (13 de enero), y no se vislumbra el descenso.

Mientras en muchos países comienzan a bajar, en otros, como Costa Rica, vamos apenas rumbo a la cresta de la ola, la parte alta del tsunami: ya reportamos casi 5.000 en un día y se prevé, en escenarios poco optimistas, entre 8.000 y 10.000 diarios en la fase álgida del rebrote.

Muchos dirán que la cantidad de contagiados poco importa, porque la tasa de hospitalización oscila entre un 60 y un 75% menos en comparación con las variantes previas y que la letalidad es apenas una porción de las primeras.

Es cierto, pero en números absolutos, la cantidad de hospitalizados al día podría acercarse a las cifras iniciales, si se triplican los casos. La posibilidad existe, se observan curvas epidémicas en varios países, donde tal multiplicación de casos ha ocurrido.

Los hospitales se saturan, las listas de espera se amplían, se dejan de atender muchas enfermedades que, a la larga, podrían comprometer la vida de quienes las padecen y cambiar la forma de vida de sus familiares. Además, esta “gripecita” reporta, en promedio, cerca de 6.100 muertes diarias en el mundo. En nuestro país, empieza a notarse un alza en la cantidad de fallecimientos. ¿Una gripecita para quien la sufre y sus familias?

Ventaja de los vacunados

Respecto a la relativa baja morbilidad y letalidad de ómicron, comparada con las previas, hay que precisar que, muy probablemente, se deba a la combinación de una menor virulencia de la variante y sistemas inmunitarios mejor preparados a causa de infecciones naturales y la activación de las vacunas anticovid-19, sea por la cantidad de anticuerpos neutralizantes o por las células T.

Ampliamente reportada está la diferencia en el curso clínico de la enfermedad en personas vacunadas y con esquemas completos de vacunación, y, mayor aún, con dosis de refuerzo.

Aprovecho para recordar que las vacunas no tienen como propósito evitar los contagios, sino reducir el riesgo de sufrir enfermedad grave, y lo están logrando.

Un aspecto al que muy poca gente presta atención es al efecto directo que tiene esta enfermedad en el sistema económico y al impacto en la cotidianidad de la sociedad debido a incapacidades, aislamientos y cuarentenas que deben seguir quienes están infectados o, cuando menos, mientras reciben el resultado de su prueba diagnóstica.

A causa de la cantidad de contagios, el tiempo promedio de entre 5 y 10 días para ser declarado recuperado y por la enorme probabilidad de subregistro de personas contagiadas sin un diagnóstico, pero que igualmente se aíslan, servicios esenciales y no esenciales verán profundamente reducida su capacidad para atender las necesidades del público.

Lo mismo ocurrirá en empresas dedicadas a la producción de bienes. Tales resultados ya se sienten, por ejemplo, en los servicios brindados por la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS). Se suma, además, el retraso en la atención médica de otras patologías de curso agudo, una disminución en la capacidad de atender y vigilar enfermedades transmitidas por vectores, el incremento en las listas de espera, el desbalance económico en la CCSS por el incremento en los gastos y la reducción en los ingresos, por citar unos cuantos efectos perniciosos posibles y observables.

Tremenda ignorancia

Pretender minimizar las consecuencias de la covid-19 por ómicron comparándola con la gripe también es muestra de una tremenda ignorancia. Por si no lo sabían, las gripes causadas por virus tipo influenza matan entre 400.000 y 600.000 personas al año en el mundo, se pierden millones de días en incapacidades y miles de millones de dólares por la caída en la productividad.

Cabe señalar que muchas de las medidas que estamos tomando en lo individual y lo colectivo, igualmente valen para las gripes: higiene de manos, aislamiento de los enfermos, uso de mascarillas por las personas enfermas (por lo menos) y vacunación anual de personas de los grupos de riesgo: niños, adultos mayores y gente con recomendación médica. No obstante, si usted es joven y conocido sano, no está de más que se vacune contra la gripe.

Tomando como base todo lo expresado anteriormente, que no fue más que un muy breve resumen de los estragos que la covid-19 originada por ómicron está produciendo en el mundo y, por supuesto, en nuestro país, cabe afirmar, sin ambages, que esta enfermedad no es “una gripecita” o “un resfrío”, sino una enfermedad para tomarla con la mayor seriedad del caso.

Ah, y eso de que lo mejor es exponerse para infectarse y enfermar “con el fin de parar esto de una vez” es una soberana tontería; nadie sabe el desenlace que podría tener.

juan.romero.zuniga@una.ac.cr

El autor es epidemiólogo y profesor de la maestría en Epidemiología en la Universidad Nacional.

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