Columnistas

Es terrible que el pueblo pierda el miedo

A más obediencia y servidumbre respecto de la imagen de un amo, menos posibilidades de escuchar a otro y menos posibilidades de pensar

Muchos individuos postrados, en actitud de reverencia, frente a un rey, dios, amo, líder
Muchos individuos postrados, en actitud de reverencia, frente a un rey, dios, amo, líder Shutterstock
Muchos individuos postrados, en actitud de reverencia, frente a un rey, dios, amo, líder
Líderes que hacen mucho ruido erosionan la capacidad de pensar de sus seguidores. (Shutterstock/Ilustración)

“Ocurrió una vez en un teatro que se prendió fuego entre bastidores. El payaso acudió para avisar al público de lo que ocurría; creyeron que se trataba de un chiste y aplaudieron. Aquel lo repitió y ellos rieron aún con más fuerza. De igual modo, pienso que el mundo se acabará con la carcajada general de amenos guasones creyendo que se trata de un chiste”, nos previene Kierkegaard en O lo uno o lo otro.

Las cosas hace tiempo que no marchan bien. Empero, en un lugar profundo, sagrado y apenas acariciado por la duda, siento que pueden mejorar. No se trata de cobijarse bajo el mismo signo zodiacal ni tampoco de pronunciar la frase más romántica sobre la democracia. Se trata, más bien, de hacer aquello que María Zambrano entendía por hacer política: no estar en uno u otro partido laborando por el bien personal, sino esforzarse con lo mejor de uno mismo para el bien común.

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