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Equipo SWAT

El 16 de mayo se firmó un decreto ejecutivo que declaró emergencia nacional la defensa y el combate contra los ciberataques a instituciones, decisión correcta pero que requiere acompañarse de acciones congruentes con la magnitud de la amenaza y la urgencia que el mismo presidente definió como “estado de guerra”.

Ese día se presentó al país un grupo de especialistas pertenecientes a varias instituciones al que denominó con gran simbolismo SWAT, anglicismo que se aplica a fuerzas considerablemente entrenadas y eficientes, a lo que se agregó una flotilla de vehículos del ICE, a los que se definió como “insumo vital para el levantamiento de la información”. Ante este despliegue nos llenamos de optimismo porque la respuesta era acorde con la amenaza.

Se fijó un plazo de dos semanas para tener un estado de situación de más de doscientas instituciones; sin embargo, seis semanas después es aún desconocido. Se designó al ICE como el eje o director de la misión; no obstante, su papel se limitó a colaborar con un soporte básico de acompañamiento al llenado de formularios que elaboró el Micitt, presumo realizada la labor en línea. Una vez más el ICE y su jerarquía no responden al presidente.

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