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Entre delta y ómicron y el tiempo que corre

Algunos tenemos mucho que decir de la nostalgia, sentimiento intraducible que antecede a la tristeza y hunde sus raíces en lo que ya pasó y es irrecuperable

Esta columna quedó atrapada entre Navidad y Año Nuevo, o, para estar a tono con las circunstancias, entre delta y ómicron. Lo lamento de veras, no me hace feliz ni una cosa ni la otra: la primera da nostalgia y la segunda, temor.

Algunos tenemos mucho que decir de la nostalgia, sentimiento intraducible que antecede a la tristeza y hunde sus raíces en lo que ya pasó y es irrecuperable. Puede ser la infancia, tan propicia a la Navidad: en palabras ajenas, éramos tan felices entonces, y no lo sabíamos; ahora, ya lo sabemos.

Puede ser también que al término del año sea más vívido el recuerdo de alguien de nuestra entraña que partió para siempre demasiado pronto y que se perdió el futuro que aguardaba a sus coetáneos.

Parece injusto y es frustrante: la ausente apenas llegó a pisar el umbral del siglo, no conoció todo lo que para aquellos es habitual, común y cotidiano: descubrimientos, vicisitudes o infortunios; se le cerró el paso antes de alcanzar la plenitud de la edad adulta, no tuvo tiempo de ver a su propia hija pasar de niña a mujer, ni de ver morir a su madre.

  • Tenemos posibilidad de salir indemnes

Pero hay otra clase de historias, mucho más alentadoras y que, sin embargo, lo mismo causan nostalgia. Un amigo me cuenta de su niñez llena de privaciones. Para la Navidad, su madre le dio un muñeco de tela que ella había confeccionado.

Días después, se vio obligada a venderlo para solventar necesidades urgentes. Él siempre lo echó de menos. Con el paso del tiempo, las cosas cambiaron y fueron a mejor; ahora es un profesional distinguido y solvente. Esta Navidad, recibió de nuevo el juguete, su madre lo recuperó y se lo entregó acompañado de esta leyenda: “Por fin nos volvemos a encontrar”.

De otro lado, el temor. Cuando empezábamos a respirar tranquilos, sin que los torpes obstáculos a la vacunación hicieran mella en la esperanza de mitigar la pandemia, y a pesar de la desaprensión de los que se sustraen a las prácticas recomendadas para controlarla, el tránsito de delta a ómicron nos pone ante las puertas de un nuevo receso.

¿Qué va a ser de cada uno de nosotros o de nuestras familias? La vacunación, el distanciamiento, la mascarilla: una férrea autodisciplina y tenemos posibilidad de salir indemnes.

carguedasr@dpilegal.com

Carlos Arguedas Ramírez fue asesor de la Presidencia (1986-1990), magistrado de la Sala Constitucional (1992-2004), diputado (2014-2018) y presidente de la Comisión de Asuntos de Constitucionalidad de la Asamblea Legislativa (2015-2018). Es consultor de organismos internacionales y socio del bufete DPIlegal.

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