Se acerca el día, costarricenses. ¡A las urnas! La democracia nos convoca y la patria nos necesita. Llegó el día, por fin, en que pasado y presente se dan la mano para tejer el futuro.
Salgamos con ilusión y alegría a ejercer nuestro sagrado derecho al sufragio. Es hora de reflexionar, de decidir y de trazar el camino que queremos seguir como sociedad.
¡Vamos a votar! Miremos a los ojos a nuestros afectos. Pensemos en todo lo bueno que queremos para ellos, y en la Costa Rica donde soñamos que vivan y prosperen.
No dejemos que otros decidan por nosotros. Hagamos que nuestro voto valga y que, sumado al de nuestros compatriotas, permita blindar aún más nuestra identidad electoral.
Hay fiesta en Tiquicia. ¡Vivámosla!, ya sea en nuestro querido terruño o dondequiera que haya un costarricense que sienta correr por sus venas el amor por la paz y la libertad.
Nuestro ADN es único e irrepetible. Arropémonos con el pura vida al salir a las calles, al dirigirnos al centro electoral y al compartir con propios y extraños la ilusión de ese día.
¡Vamos ticos! ¡Agiten sus banderas!, sin temor a la censura y sin miedo a la represión. Defendamos con el voto nuestro sitial entre las democracias más antiguas y sólidas del planeta.
Empuñemos la crayola con esperanza. Pongámonos en modo blanco, azul y rojo, y aprovechemos ese momento íntimo frente a las papeletas para expresar nuestra voluntad.
Votemos a conciencia. Recorramos con la mirada las fotos de quienes nos pretenden gobernar. Viéndolos a la cara, pensemos en sus actuaciones, sus compromisos y sus intenciones.
Sintonicemos el corazón y la mente en la misma frecuencia. Pidamos sabiduría al Ser Supremo o invoquemos la fuerza interior en la que se crea, para elegir la mejor opción.
Y que al final de la jornada, confiados en la probada transparencia de nuestro sistema electoral, recibamos con madurez los resultados y respetemos la voluntad de la mayoría.
En la puerta de la urna, creo en Costa Rica. Confío en que sabremos honrar el legado democrático de nuestros abuelos y que, una vez concluida la contienda, empujaremos entre todos el país para adelante.
¡Que Dios nos bendiga!

