Nuria Marín Raventós. 26 agosto, 2017

En una reciente visita a Buenos Aires, el presidente del Banco Mundial, Jim Yong Kim, afirmó que entre el 50% y el 65% de los trabajos actuales desaparecerán en los países emergentes por la inteligencia artificial. Nunca en la historia se avanza a pasos tan acelerados producto de la tecnología, cambios demográficos y las disrupciones socioeconómicas, lo que deriva en un acortamiento de la vida útil de los conocimientos y habilidades de las personas.

Ello demandará un replanteamiento de los sistemas educativos, los programas de entrenamiento y reentrenamiento en las empresas y que cada persona evolucione a un sistema de educación continua para no quedarse atrás.

Según el estudio del Foro Económico Mundial del 2016, The Future of Jobs, el tema es tan dramático que hay carreras en las que lo aprendido en el primer año resulta obsoleto cuatro años después cuando se concluye el bachillerato. Lo que antes tomaba décadas en cambios en el contenido y habilidades ahora se da a ritmos vertiginosos, por lo que las capacidades de anticipación, adaptación y reacción se tornan indispensables.

En su disertación Jim dio tres recomendaciones: ser responsables por la propia educación, determinación y tener mentalidad de desarrollo. En el primer tema, señaló como esta será una generación responsable de generar los empleos del futuro y como van a tener que aprender cosas nuevas toda su vida.

La clave no será el coeficiente intelectual, sino la fuerza de voluntad, la cual, al igual que en los deportes, se puede entrenar. La clave está en tener metas claras con cierta flexibilidad y no ver el cambio como un enemigo. Por último, y sustentado en los estudios de Carol Dweck de Stanford, debemos tener una mentalidad de desarrollo, de crecimiento continuo y que se define más allá de un mal resultado.

Con esta realidad, cuyo horizonte es tan cercano como la próxima década, hay un nuevo sentido de urgencia a los cambios en la educación tanto formal como técnica, en la elaboración y adaptación de los programas de estudios, así como en los entes responsables de autorizar nuevos programas, como el Conesup.

El mercado de estos nuevos trabajos demandará una mayor flexibilidad tanto en materia laboral (tiempos parciales, jornadas, teletrabajo, trabajo colaborativo desde el exterior) como en la seguridad social.