Columnistas

El trance socialdemocristiano

La política está tomada por movimientos xenófobos neofascistas, por peligrosos populismos como los del tragicómico Beppe Grillo o por regionalismos irresponsables como el catalán.

Fernando Zamora
Fernando Zamora

Refiriéndose a lo que él considera su muerte, el periodista italiano Andrea Rizzi acertadamente acuñó el término “socialdemocristiano” para referirse a los partidos y doctrinas modeladoras del desarrollo europeo dominante en la Europa del siglo XX. Trenzadas ambas filosofías políticas, socialdemocracia y democracia cristiana, surgieron no solo para confrontar los extremismos destructores de aquel continente, sino también para forjar la Europa de hoy.

También en las democracias latinoamericanas ambas corrientes dominaron el escenario político electoral de buena parte de los últimos 70 años. Con luces y sombras, garantizaron por varias décadas prosperidad y paz allí donde ejercieron el poder. Así fue en Alemania, con el Partido socialdemócrata de Willy Brandt y la democracia cristiana de Adenauer; en la España del PSOE y el Partido Popular; o en la Italia donde se alternaban el poder el partido socialdemócrata de Sandro Pertini y la democracia cristiana del gran Alcide de Gasperi.

En Latinoamérica el panorama era similar, aunque aquí solo en el caso de las democracias, pues en las satrapías asoladoras del sur y centro de América, ¿qué cabida tenía una ideología equilibrada? Pero el patrón se repitió en longevas democracias como la de Costa Rica, con el socialdemócrata Partido Liberación Nacional de Figueres y lo que hasta el 2002 fue su principal oposición socialcristiana, fundada bajo la tradición del caudillo católico Calderón Guardia.

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