Quizá haya elementos desconocidos que permitan otra lectura. Desde lo que se sabe, esta es la mía: la fracción saliente del oficialismo se despidió con un doble golpe contra la presidenta entrante. Me refiero a su decisión de juntarse a la de Nueva República y exiliados de otras tiendas para impedir el cuórum en las dos últimas sesiones del plenario legislativo. Su propósito fue evitar la discusión de tres informes sobre cargos de acoso sexual atribuidos al diputado Fabricio Alvarado, pero las consecuencias lo trascienden.
Fue un bochornoso cierre de tareas. Dejo de lado sus aspectos éticos para concentrarme en algunas consecuencias políticas. Parto de dos hechos.
1. En uno de los debates finales de campaña, Laura Fernández, candidata presidencial de Pueblo Soberano, lanzó este dardo letal al también candidato Alvarado: “Nunca voy a olvidar cuando me arrinconó en una oficina con la falsa promesa de regalarme una Biblia”. De inmediato, pasó de lo personal, que su rival negó, a un compromiso general, es decir, político: alzar la voz y reclamar justicia para las mujeres “víctimas de un montón de cochinos”.
2. En días recientes, doña Laura solicitó a las jefaturas de fracción, y estas aceptaron, avanzar en proyectos prioritarios. Entre ellos están un préstamo por $800 millones para echar a andar dos rutas del tren eléctrico urbano, y otro por $350 millones para resiliencia climática. Solo faltaba una votación para que se convirtieran en ley. Ya supimos qué ocurrió.
Al impedir el cuórum dos veces, el compromiso de campaña con las mujeres fue, de hecho, violado. Ni siquiera pudieron discutirse los informes sobre el alegado acoso de Alvarado contra una exdiputada. A la vez, el avance en dos empréstitos impulsados por Fernández –y también Rodrigo Chaves– fue frustrado. Ambos elementos confluyen en la misma consecuencia: la posible erosión prematura del liderazgo de Fernández. Además, borraron de un plumazo cualquier pretensión de “nueva” política.
Tengo dos hipótesis para intentar explicarlo: o alguien, desde el oficialismo que se va, quiso dar una lección al que viene, o pesaron tanto los compromisos personales como para obviar sus consecuencias políticas. Se pueden ensayar otras, y creo que ninguna beneficiará a la presidenta electa. La continuidad, sin duda, tiene matices.
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Eduardo Ulibarri es periodista y analista.