Laura Fernández anunció que ahora su poco ambicioso objetivo en materia de seguridad es reducir en apenas 1,5 la tasa de homicidios más cruenta que registra la historia de Costa Rica. Una herencia del gobierno de su ministro de la Presidencia y Hacienda. La tierra prometida de la que tanto hablan los populismos de la región se reduce a regresar, si acaso, al año 2023. Así estamos.
Pero, más allá de lo ridículo de semejante promesa, desconectada con una ciudadanía que a diario debe enfrentar en sus propias carnes el horror a la violencia homicida, y como no podía ser de otro modo, la señora Fernández advirtió, eso sí, de que para alcanzar su escuálida meta hay un requisito sine qua non: que el Poder Judicial condene a mucha gente y la encarcele.
La politóloga Fernández no solo parece renunciar al rigor que se espera de quien ha tenido, presuntamente, una cierta formación profesional y que supone comprender con mayor facilidad las competencias de cada brazo del Estado. Lo peor es no enterarse de que su falaz excusa oculta algo más inquietante: admitir la incompetencia del Poder Ejecutivo para resolver la crisis que nos asfixia.
El Poder Judicial, por su naturaleza, es reactivo. Su intervención siempre llegará tarde, y así debe ser. Porque el Ministerio Público y los tribunales solo pueden implicarse cuando se han cometido delitos y lo que el país necesita no es muchos condenados presos, sino pocos muertos en sus calles.
Allí está la clave: la prevención del delito es, fundamentalmente, una responsabilidad de las autoridades administrativas, no de jueces o fiscales. Si el Poder Judicial condena mucho, es porque ha habido muchos muertos y, si hay muchos muertos, es porque el Poder Ejecutivo no fue capaz de frenarlos. Repartir culpas tan puerilmente es faltar a la verdad y una tomadura de pelo en toda regla.
En 2002, Steven Spielberg produjo Minority Report, una película sobre un departamento de policía con capacidades para predecir asesinatos antes de que estos ocurrieran y detener preventivamente a los futuros delincuentes. Por más empeños que ponga la jefa de Estado, la realidad es mucho más tozuda y compleja. Escurrir el bulto no puede hacerse siempre. Por cierto, Minority Report era ciencia ficción; lo otro no pasa de parecerse mucho más a una mala comedia, de la que también todos estamos siendo víctimas.
mfeoliv@gmail.com
Marco Feoli es abogado, profesor en la Universidad Nacional (UNA) y miembro del Subcomité para la Prevención de la Tortura de la ONU.