En un artículo académico publicado no hace mucho, Chester Urbina Gaitán refiere que en setiembre de 1942 debutó en el Teatro Latino de San José el doctor Beckles, un mago josefino que exhibía “sorprendentes actos de ilusionismo, transformismo, prestidigitación y clarividencia”.
Conocí al doctor Beckles algunos años después de su debut, porque de vez en cuando llegaba a nuestra comunidad para presentar sus actos de magia que trastocaban durante las siguientes semanas nuestro infantil sentido de la realidad.
Nos reuníamos casi todos los que allí vivíamos en el salón escolar, donde seguíamos arrobados su espectáculo, lleno de endiablados giros siempre novedosos, del todo inexplicables, confundidos por sus inquietos desplazamientos en un escenario casi despoblado, transformado en un mundo onírico por su peculiar modo de hablar, y después lo seguíamos todo el tiempo que permanecía en el pueblo hasta que lo abandonaba, dejando la impresión de que había estado ahí, pero nunca nos había visto. En realidad, no se iba, se esfumaba, desaparecía.
A las sesiones del doctor Beckles se reduce mi contacto con la magia. Me asomaba a una experiencia que nada tenía que ver con la verdad, porque no era cosa comprensible en este mundo, pero tampoco era compatible con los desconocidos espacios que, según se nos decía, lo trascienden, prosiguen y de alguna manera lo explican, sobre todo si uno necesita de cualquier forma estar convencido.
Viene al caso citar aquí un cuento de Chesterton. El detective Flambeau hunde su pala en la tierra para abrir la sepultura, luego se detiene y se apoya en ella. “–Siga usted –le dice el padre Brown–, solo tratamos de averiguar la verdad. ¿Se puede saber qué le asusta?”. “–Me asusta que podamos llegar a descubrirla –admite Flambeau–”.
Así me pasaba con el doctor Beckles: seguramente, había algo que lo explicaba todo, pero yo no sabía lo que era. Muchos años después, cuando las travesuras del mago criollo se habían olvidado casi por completo, arrojó luz en mi desasosiego el consejo del físico Richard Feynman, quien lamentaba que el principio de incertidumbre de la mecánica cuántica no hubiera permeado en la cultura popular. Feynman resumía el principio así: “Ser conscientes de que nada puede ser establecido de forma exacta”.
Inolvidable doctor Beckles: “Los fantasmas existen. Eso lo sabe todo el mundo. Lo que pasa es que ahora los llamamos recuerdos”.
carguedasr@dpilegal.com
Carlos Arguedas Ramírez fue asesor de la Presidencia (1986-1990), magistrado de la Sala Constitucional (1992-2004), diputado (2014-2018) y presidente de la Comisión de Asuntos de Constitucionalidad de la Asamblea Legislativa (2015-2018). Es consultor de organismos internacionales y socio del bufete DPI Legal.
