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El hambre en Gaza y nuestra vergüenza global

Alex de Waal, experto en hambrunas, calcula que miles de niños de Gaza hoy están demasiado débiles para comer, aun si tuvieran acceso a alimentos

Civiles palestinos, niños palestinos protestan frente a la sede de UNRWA (Organismo de Obras Públicas y Socorro de las Naciones Unidas para los Refugiados de Palestina en Oriente Medio) y piden provisiones de harina y alivio del hambre en la Franja de Gaza, en noviembre 17, 2024.
Fotografía de noviembre de 2024. Niños palestinos apostados frente a la sede de UNRWA (organismo de socorro de Naciones Unidas para los refugiados de Palestina) piden ayuda para aliviar el hambre en la Franja de Gaza. Shutterstock
Civiles palestinos, niños palestinos protestan frente a la sede de UNRWA (Organismo de Obras Públicas y Socorro de las Naciones Unidas para los Refugiados de Palestina en Oriente Medio) y piden provisiones de harina y alivio del hambre en la Franja de Gaza, en noviembre 17, 2024.
Fotografía de noviembre de 2024. Niños palestinos apostados frente a la sede de UNRWA (organismo de socorro de Naciones Unidas para los refugiados de Palestina) piden ayuda para aliviar el hambre en la Franja de Gaza. (Shutterstock/Shutterstock)

El hambre es la destrucción lenta y silenciosa del cuerpo. Privado del sustento básico, el cuerpo primero quema las reservas de azúcar del hígado. A continuación, funde los músculos y la grasa, descomponiendo los tejidos para mantener con vida el cerebro y otros órganos vitales.

A medida que estas reservas se agotan, el corazón pierde su fuerza, el sistema inmunitario colapsa y la mente empieza a desvanecerse. La piel se tensa sobre los huesos y la respiración se vuelve débil. Los órganos empiezan a fallar progresivamente, falla la visión y el cuerpo, ahora vacío, se escapa. Es una forma prolongada y agónica de morir.

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