¿Qué otra cosa pensar sobre esta trayectoria? Agreguemos que Putin consistentemente ha proporcionado apoyo financiero a órganos de prensa y partidos políticos de la derecha europea adversos a la OTAN. Recordemos que la OTAN nació precisamente para la defensa de Europa Occidental frente a los designios de Stalin y sus sucesores. La alianza militar y política que gestó Estados Unidos ha sido hasta la fecha anatema para el Kremlin.
Parejo con la destrucción de la OTAN y el debilitamiento de la Europa del Oeste, Putin vio en Donald Trump a alguien de calibre electoral que favorecía la disolución de las alianzas comerciales y militares de Estados Unidos en el exterior. De hecho, todavía en tiempos soviéticos, Trump fue invitado por el Kremlin a Moscú para planear el establecimiento de hoteles de lujo en la capital soviética y en Leningrado. Los planes no cuajaron, pero Mijaíl Gorbachov sí permaneció en Trump Tower con motivo de una gira por Nueva York.
Una reseña de las actividades financieras de Trump en la revista Slate, señala que Paul Manafort, hoy protegido y jefe de la campaña de Donald, por muchos años manejó una consultoría en Washington. La principal tarea de esa entidad fue asesorar dictadores del tercer mundo. Más tarde, Manafort se concentró en trabajar con clientes cercanos al Kremlin.
En este trecho, su más rutilante tarea consistió en revivir las esperanzas políticas de Viktor Yanukovich, elegido presidente de Ucrania en el 2010.
Posteriormente, gracias al gran estratega, el mandatario ucraniano gravitó hacia la esfera de Putin. Para entonces, Manafort ya residía en Kiev donde regularmente jugaba tenis con su principal cliente. Y todos sabemos el desenlace cruento en Ucrania. Más tarde, Manafort fue contratado por Trump para encabezar su compañía financiera, la cual mantiene importantes vínculos y clientes del ámbito ruso.
¿Qué pasará con las ilusiones de grandeza de Trump? Quién sabe. Su suerte electoral dirá la última palabra.