Pendenciero, sí. Visceral, sí. Contradictorio, sí. Demagógico, sí. Peligroso, sí. Pero... también narcotizante.
Resulta notorio que el discurso chavista se ha posicionado en los espacios de conversación del costarricense, con su descarga estridente de insultos y populismo reciclado.
Ocurre con frecuencia que, cuando doña Laura Fernández o el copresidente lanzan alguna declaración controversial, el tema se convierte en tendencia en redes sociales.
Tanto quienes apoyan a la “administración Chaves-Fernández” como quienes la adversan se enfrascan en una rayería de comentarios, memes y videos alrededor del asunto de marras.
Muchos de esos temas también llegan a los medios de comunicación, ya sea por su valor noticioso o porque permiten justificar la pauta publicitaria del Estado.
Además, influencers pagados con el dinero de los contribuyentes utilizan los contenidos generados por los copresidentes para amplificar el alcance del mensaje.
De esta forma, el discurso chavista se cuela en celulares, computadoras, bares, oficinas y hogares en procura de imponer la agenda sobre lo que se habla en el país.
Entonces, la población ajena al debate público, aquella que vive inmersa en su día a día, queda en una posición de vulnerabilidad ante los relatos que buscan manipularla.
Mientras, los ciudadanos que sí suelen seguirle el pulso a la actualidad podrían quedar atrapados en una burbuja fabricada con el fin de controlar la narrativa.
Ocurre que, en medio del frenesí adictivo que desata la interacción en tiempo real, se corre el riesgo de subirse a un carrusel sin fin de información predirigida.
La última gracia consume la atención del momento, pero muy pronto aparecerá otra, luego otra y otra más vendrá después, generando ronchas y polarización.
Esto puede provocar un efecto somnífero que resulta muy útil para desviar la atención de la gradería, así como para tapar pifias, impericias y promesas rotas de campaña.
Problemas de fondo como la inseguridad, el desempleo, el apagón educativo, el deterioro fiscal, las listas de espera, la competitividad del país y la crisis del agro suelen quedar marginados.
La actual coyuntura impone un ejercicio reflexivo. ¿Qué tipo de consumidores de información debemos ser?
No cabe duda de que ver el circo resulta muy entretenido. Pero los trucos de espejo del mago no ayudarán al espectador a enfrentar la realidad que los espera fuera de la carpa.
