20 junio

COLOMBO – Durante muchos años, el debate mundial respecto a la industria de la confección ha estado dominado por la siguiente pregunta: ¿Dónde se fabricó su ropa y quién la fabricó? Pero hoy, hay una pregunta más relevante: ¿Cómo se fabricó su ropa y mediante el uso de qué?

Lo que usted viste, sea o no de su conocimiento, va por el camino de la adopción de alta tecnología. Después de décadas de producción mediante el uso intensivo de mano de obra proveniente de trabajadores en el sur global, la inteligencia artificial (AI, por sus siglas en inglés) y la robótica están reemplazando a los humanos en las plantas de fabricación. Pero, si bien estos cambios traerán nuevos beneficios para los consumidores –como por ejemplo, una entrega más rápida y ropa personalizada– dichos cambios conllevarán costos. Los cambios en el modelo comercial de la industria de la confección amenazan los medios de subsistencia de millones de personas en países de ingresos bajos y medianos; y las maneras cómo estas economías se adaptarán traerán consigo consecuencias de largo alcance.

Los cambios en el modelo comercial de la industria de la confección amenazan los medios de subsistencia de millones de personas en países de ingresos bajos y medianos

En la actualidad, más de la mitad de las exportaciones mundiales de textiles, y alrededor del 70 % de sus exportaciones de prendas de vestir, provienen de economías en desarrollo. En Asia, unos 43 millones de personas tienen empleos en la industria textil, en la industria de la confección y la del calzado y las mujeres representan tres cuartas partes de dicha fuerza de trabajo. Desde China hasta Bangladés, la fabricación de textiles y prendas de vestir ha facilitado el empoderamiento de las mujeres y ha sacado a generaciones enteras de la pobreza. En pocas palabras, la desaparición de estos empleos sería devastadora.

Pero no será fácil mantener los mencionados empleos. Para comprender a qué se enfrentan las empresas en el sur global, considere la competencia que enfrentan. Por ejemplo, el año pasado, el minorista en línea Amazon obtuvo una patente en Estados Unidos para un sistema de fabricación de prendas de vestir “a pedido” que puede personalizar pedidos y optimizar la producción desde cualquier lugar, a menor costo. La compañía ya logró la aprobación de su primera planta de producción, que estará ubicada en Norristown, Pensilvania

Esto se produce dos años después de que Amazon anunciara el lanzamiento de su propia línea de ropa. Y, con inventos futuristas como el análisis de inteligencia artificial de las tendencias de la moda e incluso con un espejo de “realidad mezclada” para vestir virtualmente a los compradores en línea, el compromiso –e influencia– de Amazon en el negocio de la ropa solo se hará cada vez más profundo.

En muchos sentidos, estas innovaciones serán buenas para la industria textil y de las prendas de vestir. No solo harán que las compras sean más divertidas, también aumentarán la eficiencia de la producción y reducirán los costos.

Las principales marcas, con el transcurso del tiempo, podrán responder más rápidamente a los gustos de los consumidores mientras mantienen inventarios bajos y limitan la producción de exceso de ropa. De hecho, es posible que únicamente sea una cuestión de tiempo hasta que llegue el día en que las marcas de moda callejera cambien las etiquetas de los países en desarrollo que dicen “hecho en” por etiquetas que digan “hecho por los servicios de fabricación de Amazon”.

El problema es que todos estos cambios significarán menos puestos de trabajo para muchas personas. A medida que las fábricas se enfrenten a su cierre, las comunidades perderán sus ingresos y las economías se tambalearán. La pregunta ahora es qué deben hacer los responsables de la formulación de políticas al respecto.

Para muchas industrias, navegar a través de lo que Klaus Schwab del Foro Económico Mundial ha llamado la Cuarta Revolución Industrial significa imponer regulaciones a la tecnología. Pero en el comercio de textiles y las prendas de vestir, hacer solamente eso no resolverá el problema. En cambio, la industria debe adoptar un abordaje de negocios que se centre más en el ser humano y que tenga más conciencia mundial. Las nuevas tecnologías se deben evaluar teniendo en cuenta los costos humanos, medidos en términos de ingresos perdidos, medios de subsistencia destrozados y familias desplazadas.

Además, las empresas de tecnología deben colaborar de mejor manera con los fabricantes de prendas de vestir para gestionar futuras plataformas. A medida que evolucionan los puestos de trabajo tradicionales en las plantas de fabricación, los roles relacionados a brindar servicios a la tecnología ganarán mayor importancia. Así como las máquinas de coser se descomponen y necesitan calibración, también lo harán las impresoras de prendas de vestir y sistemas de embalaje del futuro.

Finalmente, para ayudar a facilitar la transición desde la fabricación manual a la fabricación moderna, las empresas y los gobiernos deben comenzar a mejorar la alfabetización tecnológica de los empleados actuales. Si las fuerzas laborales de hoy van a mantener su relevancia en las economías del mañana, los empleados necesitarán las habilidades para contribuir a dichas economías.

Y, sin embargo, para hacer que todo esto sea posible, los líderes en los países en desarrollo deben aceptar una dura verdad: grandes cantidades de mano de obra barata ya no se constituyen en una ventaja estratégica en la economía mundial. Se necesita con urgencia una reinvención industrial.

Los gobiernos deberían abogar por acuerdos comerciales que amortigüen el impacto cuando se pierdan puestos de trabajo en el sector manufacturero, mientras que, simultáneamente, dichos gobiernos establezcan las bases para una transición hacia industrias que utilizan una mayor cantidad de tecnología.

Se necesitan medidas audaces en todos los ámbitos, desde las plantas de fabricación hasta las oficinas gubernamentales, para que el sur global mantenga su relevancia en la industria mundial de la confección.

El cambio no está llegando al mundo de la fabricación de prendas de vestir; el cambio ya está aquí.

Heshika Deegahawathura es consultor empresarial en MAS Holdings, una de las compañías de fabricación de prendas de vestir más grandes del sur de Asia. © Project Syndicate 1995–2018