Desde la perspectiva con que observo la ruta por donde marchan algunos participantes en la controversia sobre magistraturas suplentes, veo deslizarse una convicción implícita, práctica, que persigue el mayor grado de persuasión posible. Esta pretensión se apoya en la treta lógica de Tucídides: “Vosotros habéis aprendido, igual que lo sabemos nosotros, que en las cuestiones humanas, las razones de derecho intervienen cuando se parte de una igualdad de fuerzas, mientras que, en caso contrario, los más fuertes determinan lo posible, y los débiles lo aceptan”.
En el trayecto que sigo cuando camino diariamente, topo con los perros que pasean conducidos por sus dueños. Cuando nos encontramos, ¿quién se lanza a la calle y cede la acera? Siento que me asiste el derecho preferente de conservarla, pero el animal y el dueño piensan lo contrario; ellos son dos y uno muerde. Entonces, me tiro a la calle a disputar el espacio de los vehículos furiosos.
No se interprete lo que digo como si no tuviera simpatía por los perros, porque eso no es cierto. Por ejemplo, repaso con emoción la poesía de Louise Glück que se dirige a su perro: “Ventisca, / sé un perro valiente, esto es / todo material; te despertarás / en un mundo distinto, / volverás a comer, crecerás y serás poeta. / La vida es muy rara, termine como termine, / siempre llena de sueños”.
El caso es que hilvané esta promesa con la opinión publicada en el diario español El País por Daniel Innerarity. Su criterio, como saben los que lo han leído, es que “hay señales de que el mundo podría haberse desequilibrado y entrado en una zona fuera de control”. A su juicio, “mientras el mundo sea reversible, todo tiene un remedio”, pero todo indica que hemos sobrepasado el límite de la irreversibilidad en asuntos como el cambio climático o la inestabilidad financiera.
No sé si los perros, conforme pase el tiempo, van a superar su estado preverbal, por sí mismos o asistidos por algo como la inteligencia artificial, y llegue a ser un dilema consciente para ellos si despejar la acera o atropellar a esos seres obsoletos, los humanos que caminan en dirección contraria.
Pero tampoco sé algo que me concierne de modo más inmediato y urgente: si, en adelante, seremos capaces de tener discusiones comedidas sobre las cuestiones que nos incumben.
carguedasr@dpilegal.com
Carlos Arguedas Ramírez fue asesor de la Presidencia (1986-1990), magistrado de la Sala Constitucional (1992-2004), diputado (2014-2018) y presidente de la Comisión de Asuntos de Constitucionalidad de la Asamblea Legislativa (2015-2018). Es consultor de organismos internacionales y socio del bufete DPI Legal.