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El benemérito Rogelio Fernández Güell

La Asamblea Legislativa saldó una antigua deuda, pendiente desde hacía más de un siglo

La Asamblea Legislativa saldó una antigua deuda, pendiente desde hacía más de un siglo: declarar benemérito de la patria a Rogelio Fernández Güell.

Ilustre personaje de la cultura y la literatura costarricenses, en particular, y de la política y el periodismo, en general, sus valiosas improntas se desplegaron tanto en su patria como en España, México, Estados Unidos, Argentina, Chile y Brasil. Aunado a lo cual formó parte de diversas instituciones y publicó numerosas obras en casi todas esas latitudes.

Así, al conmemorarse el bicentenario de nuestra independencia, merece reflexionar acerca de los derroteros en la vida de uno de nuestros más eximios compatriotas durante estos dos siglos de autonomía.

Fernández nació en San José el 4 de mayo de 1883. Incursionó en actividades periodísticas, literarias y políticas desde 1901. Estas últimas le ocasionaron varios ataques y vejámenes, por lo que se exilió en España (1904), en donde ingresó como pasante a la Universidad de Madrid y se inició en la doctrina del espiritismo (1905).

En 1907, viajó al Distrito Federal (hoy Ciudad de México), donde laboró en el Observatorio Astronómico Nacional y la biblioteca de la Secretaría de Relaciones Exteriores. Luego, fue nombrado cónsul de esa nación en Baltimore (Maryland).

En 1910, renunció a su puesto diplomático y se incorporó a la lucha en suelo mexicano contra la dictadura del general Porfirio Díaz, acontecimiento conocido como la Revolución mexicana y cuyo líder era su amigo y colega espiritista Francisco I. Madero, a quien conoció en 1907 por actividades de esa institución.

Ya en plena lucha, Fernández fungió como director del periódico revolucionario «El Amigo del Pueblo» y secretario del Club Libertador Francisco I. Madero. Hasta que, tras el triunfo de la rebelión y la elección de Madero presidente de México (1911), empezó a desempeñarse en el puesto de jefe del departamento de publicaciones del Museo Nacional, director del periódico «La Época» y de la revista espiritista «Helios» y presidente de la Gran Liga Mexicana de Librepensadores. Esto último, en razón de su pertenencia a la masonería de ese país.

En 1912, Fernández ocupó su puesto más alto en México: director de la Biblioteca Nacional, y es hasta el presente el único extranjero en haber desempeñado tan significativo cargo.

De seguido y tras el ignominioso asesinato de Madero (1913), regresó a Costa Rica. Aquí, laboró como subsecretario de Gobernación, Policía y Fomento, director general de Correos (1914) y director del periódico «El Imparcial» (1915). Fue diplomático en Argentina, Chile y Brasil (1916) y diputado constituyente (1917), e ingresó a la masonería costarricense.

En paralelo, publicó numerosas obras, entre las cuales destaca el libro «Episodios de la Revolución mexicana» (1915), en el que describió su paso y los pormenores de ese hecho bélico. Hasta que, tras varias disputas con el Poder Ejecutivo, se ordenó su arresto, por lo que se unió en Atenas a la Rebelión de Río Grande (febrero de 1918), la cual fracasó y debió huir.

Empero, tras una larga jornada junto a varios correligionarios hasta el poblado de Buenos Aires (Puntarenas), fue acribillado el 15 de marzo de 1918 y sepultado en el cementerio local.

En 1923, su osamenta fue trasladada al Cementerio General de San José, donde reposa en el mausoleo de la logia masónica Hermes N.° 7, a la que perteneció.

La principal vía de San José fue nominada avenida central Rogelio Fernández Güell, aunque lamentablemente casi nadie la llama así. En 1920, se presentó un primer proyecto para declararlo benemérito, pero no fructificó, pero su nombre lo llevan escuelas de los cantones de Mora (1936) y Buenos Aires (1950). Asimismo, el Colegio de Periodistas inauguró en 1992 su auditorio Rogelio Fernández Güell.

En 1993, otra propuesta para su benemeritazgo tampoco se materializó. Mientras que en el 2005 se creó el Premio Nacional de Valores Rogelio Fernández Güell.

Por fin, el tercer proyecto de benemeritazgo fue presentado en el 2018, y en este 2021 se le concedió a Fernández Güell el egregio sitial de honor como uno de los costarricenses más distinguidos de nuestra historia.

tomas.crmx@gmail.com

El autor es profesor de Derecho en la UCR.