Para entender qué pasó en las elecciones presidenciales de 2026, conviene mirar menos los discursos y más los datos. Un solo cuadro, con los votos por partido según los grandes tipos de territorio, permite leer el resultado con bastante nitidez.
Para este ejercicio, el país se divide en cuatro espacios fácilmente reconocibles: la Gran Área Metropolitana (GAM), los cantones costeros, los cantones fronterizos, y el resto del país fuera de la GAM que no es ni costero ni fronterizo, al que aquí llamaremos simplemente “interior”.
La GAM concentró 1.389.215 votos válidos, cerca del 57% del total nacional. En ese territorio, el resultado fue prácticamente un empate: el PPSO obtuvo 40,8% de los votos, y el PLN, 39,0%, una diferencia de apenas 24.774 votos. En el centro del país, donde se concentran población, empleo y actividad económica, la elección quedó dividida en dos bloques de tamaño muy similar.
El panorama se clarifica fuera de la GAM. En el interior, el PPSO alcanzó el 53,1% de los votos válidos, frente al 30,7% del PLN. En los cantones fronterizos, llegó a 62,7% y en los costeros, a 61,8%. En estas dos últimas regiones, seis de cada diez votos válidos fueron para el mismo partido.
Visto desde otro ángulo, dos de cada tres votos del PLN provinieron de la GAM, mientras que el PPSO mostró una base territorial mucho más equilibrada entre el centro y el resto del país.
Ese mapa electoral dialoga directamente con otro dato duro: la competitividad territorial. En 2025, el puntaje promedio del país en el Índice de Competitividad Nacional fue de 56,2 puntos. La GAM se ubicó muy por encima, con 61,3 puntos. En contraste, el interior alcanzó 55,0; los cantones fronterizos, 53,3, y los costeros, apenas 51,9.
Dicho simple: las regiones donde el apoyo electoral al PPSO fue más contundente son también las que exhiben menores niveles promedio de competitividad estructural. Estos números no explican por sí solos el voto ni implican relaciones causales automáticas, pero sí ayudan a entenderlo. Revelan un país territorialmente fragmentado, donde el centro compite voto a voto, mientras amplias zonas con menores oportunidades relativas se alinean con fuerza detrás de una misma opción.
Ignorar esa coincidencia entre la geografía del voto y las brechas de competitividad sería perder una de las claves para interpretar la Costa Rica política que emerge después de 2026.
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Andrés Fernández Arauz es economista.
