Mañana se conmemora el Día de la Persona Negra y la Cultura Afrocostarricense. Gracias a la Ley 9526, aprobada en 2018, agosto es el Mes Histórico de la Afrodescendencia en Costa Rica.
Con motivo de esta celebración, rindo homenaje a dos grandes personalidades de la historia afrodescendiente de Costa Rica a quienes la vida me permitió conocer, respetar y apreciar por diversos motivos.
La primera es doña Thelma Curling, una de las mejores amigas de mi madre, con quien compartió las peripecias de ser de las primeras mujeres del país en estudiar Derecho. Mamá decía, en forma jocosa: “Éramos tan pocas mujeres que, si una faltaba, no completábamos las cinco jugadoras del equipo de baloncesto y perdíamos por no presentación”.
Ambas nacieron sin derecho al voto, el cual obtuvieron posteriormente, gracias a la Constitución de 1949. Pero, para la familia Curling, en la que, además de doña Thelma, hay otras mujeres extraordinarias, aquellos años también significaron sufrir la discriminación y la exclusión que dicha Carta Magna posteriormente prohibió.
Doña Thelma, jurista litigante y jueza, tuvo un papel fundamental en la política al convertirse en la primera mujer afrodescendiente en ser diputada. Posteriormente, desempeñó múltiples cargos en instituciones sociales como el PANI y el IMAS, entre otras. La historia reconoció su trayectoria al incorporarla a la Galería de las Mujeres en 2015. Las historias de ambas fueron plasmadas en el libro de Teresita Cordero, Mujeres transformando mandatos sociales. Universidad de Costa Rica 1940-1959.
A don Quince Duncan lo conocí en el colegio; impartía mi materia favorita: Humanidades. Posteriormente, daría el salto a la escena nacional como escritor, académico universitario e historiador, además de convertirse en un fiel luchador por el rescate de la cultura y el legado de la población afrodescendiente.
Ha ocupado importantísimos cargos tanto en la Universidad de Costa Rica como en la Editorial Costa Rica y actualmente es miembro de la Academia Costarricense de la Lengua. Ha recibido varios premios por su legado literario y, en mi criterio, el país tiene una deuda con él: otorgarle el Premio Nacional de Cultura Magón.
De ambos aprendí mucho y, como su ferviente y agradecida alumna, quiero brindarles, a través de esta columna, un merecido reconocimiento.
nmarin@alvarezymarin.com
Nuria Marín Raventós es politóloga.
