Tengo mi lista preferida y personalísima de cuentazos, a la que vuelvo en esos días en que se me olvida reír. Como los de esta semana. Para estar claros: un cuentazo es una “gran mentira”, de acuerdo con la Asociación de Academias de la Lengua Española. Es ese el sentido en que lo usamos cuando decimos “ese mae vino con un cuentazo” o “le echaron un cuentazo y se fue de jupa”.
Mi pequeña contribución a la ciencia de la semántica es agregar que no solo es una gran mentira, sino una que ni siquiera disimula el embuste, una mentira descarada. Después de todo, hay mentiras de mentiras, unas finas y elaboradas, que hay que pensarlas, y otras, pues, cuentazos. No quiero presumir mucho, pero es una precisión importante en estos tiempos de la inteligencia artificial, no vaya a ser que los algoritmos del lenguaje natural pasen por alto la distinción. En fin, divago.
Va el primer cuentazo, uno, por cierto, venido a menos: “La cigüeña trae a los bebés”. Antes se usaba por los papás para esquivar asuntos de sexualidad y mantener el tema como un tabú dentro de la familia. Fatal: para empezar, ni cigüeñas hay en Costa Rica y los carajillos, más jugados que el doble cero, averiguaban todo en la calle. Como se usaba mucho, había un resultado social: una sociedad sin conversación y formación sana sobre la materia.
Otro cuentazo, ese sí aún muy usado, es el “ya voy”. Todo el mundo sabe que cuando alguien dice eso, yo incluido, ni va, ni tiene pensado hacerlo en algún futuro cercano o lejano, y que ni lo esperen. Una yuca vulgar para quitarse de encima un incordio. El resultado es una tremenda pérdida de tiempo social, pues lo que esté pendiente queda postergado, y el previsible agriamiento de las relaciones personales.
¿Y qué les parece este, mi medalla de bronce? “MOPT planea solución para retraso de carretera el año entrante”. La declaración, un clásico de la historia nacional, es el “ya voy”, pero aplicado a la política pública. Lo dice el ministro o el director de turno del Conavi cuando, ante el inevitable malestar por retrasos en la construcción de una vía, procura tranquilizar a la población asegurando tener todo bajo control. Y termino con una mención honorífica: “Nuevo gobierno promete arreglar listas de espera en la Caja”. Me pregunto: ¿Será cierto el viejo aforismo de que la risa nos mantiene más razonables que el enojo o es otro cuentazo? Ese mejor me lo creo.
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El autor es sociólogo, director del Programa Estado de la Nación.