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Cuando ser abogado era prestigioso

Costa Rica afronta graves desafíos en materia de seguridad, transparencia y confianza pública. Sin embargo, el Colegio de Abogados parece estar cómodo en la periferia del debate. Eso tiene que cambiar

Sede Central del Colegio de Abogados, en Zapote, edificio Fernando Coto Albam.
Sede Central del Colegio de Abogados, en Zapote, edificio Fernando Coto Albam. Melissa Fernandez Silva
Sede Central del Colegio de Abogados, en Zapote, edificio Fernando Coto Albam. (Melissa Fernandez Silva)

“Me incorporé al Colegio de Abogados el mismo año que vos”, me dijo la colega amiga a la que no veía desde hacía tiempos. Y sentenció: “Cuando ser abogado todavía era prestigioso”.

Esa última frase dolió en el alma, pues encierra una verdad que muchos preferiríamos no admitir: la de que, ciertamente, cuatro décadas atrás –la época a la que aludía ella– todavía se podía aspirar como profesional en Derecho a cumplir aquella máxima del Decálogo del abogado, publicado póstumamente en 1957 por el gran jurista uruguayo Eduardo Couture, que dice: “Ama tu profesión. Trata de considerar la abogacía de tal manera que el día que tu hijo te pida consejo sobre su destino, consideres un honor para ti proponerle que sea abogado.” Ahora, difícilmente.

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