Entre los que se inclinan por el deporte en directo hay notables diferencias. Pongo como ejemplo lo que ocurre con el fútbol y el béisbol
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PorCarlos Arguedas Ramírez
Por regla general, prefiero los deportes que se basan en la habilidad para golpear una pelota. Unos me gustan más que otros; los hay que no los entiendo y no me caen en gracia. No importa si la pelota es grande o es pequeña, si redonda u ovalada, y tampoco con qué se golpea: si con alguna parte del cuerpo o con un instrumento perfeccionado para eso. Lo que importa es el para qué y el cómo hacerlo, que es fuente de destreza.
Mi signo es sagitario, lo que explica, si no hay otra razón, que a lo largo de la vida dedicara tiempo desmesurado a practicar algunos deportes de la manera más modesta. No fue tiempo perdido. Si algo lamento, es no haber tenido más constancia y disciplina: tal vez así habría disfrutado mejor lo agridulce de los resultados, porque los deportes pertenecen al mundo de lo efímero; más que en la guerra, el éxito y el fracaso se suceden a muy corto plazo.
El caso es que a estas alturas se cumplió el destino invariable de los que fuimos deportistas: seguimos atados a nuestra afición, pero ahora es sedentaria, y la satisfacemos pasando horas de cara a una pantalla. Hemos ido descubriendo, paso a paso, que esta es la modalidad de menor riesgo, la que combina en mayor medida el disfrute y el inconveniente, a diferencia de la que consiste en estar sentado en la tribuna soportando las inclemencias del tiempo y el ambiente. Por cierto, he notado que los deportes, como los políticos, están perdiendo lo que tienen en común: ser multitudinarios.
Entre los que se inclinan por el deporte en directo hay notables diferencias. Pongo como ejemplo lo que ocurre con el fútbol y el béisbol, a sabiendas de que inexorablemente nos toca padecer o gozar del primero.
En el béisbol, la gente ríe, bebe y se divierte en las gradas mientras a su equipo le dan una paliza en el campo de juego. Con el fútbol pasa lo contrario: los jugadores se emberrinchan por un quítame allá esas pajas, el director técnico culpa a los árbitros con tal de disimular su impotencia, y la muchedumbre se envalentona, encabrita y mata.
Carlos Arguedas Ramírez fue asesor de la presidencia (1986-1990), magistrado de la Sala Constitucional (1992-2004), diputado (2014-2018) y presidente de la Comisión de Asuntos de Constitucionalidad de la Asamblea Legislativa (2015-2018). Es consultor de organismos internacionales y socio del bufete DPIlegal.
Una estampida en un estadio de Indonesia causó cuando menos 131 muertos. (STR/AFP)
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