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Carta de Ottón Solís al presidente

‘Presento a usted y al Consejo de Gobierno mi renuncia irrevocable al cargo de embajador y representante permanente ante la OCDE’

Su decisión, acompañada por el Consejo de Gobierno, de otorgarme la responsabilidad de representar al país ante la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) ha desatado una serie de reacciones inundadas de imprecisiones, mentiras e irrespetos a la Constitución.

Se ha dicho que me opuse al ingreso de Costa Rica a la OCDE, lo cual es totalmente falso. Estudié —como es mi costumbre— con detalle cada uno de los documentos que emanaban del proceso. Dentro de centenares de contenidos, me opuse a dos.

Primero, el documento sobre agricultura contiene una fría, grosera y explícita manifestación de indiferencia ante el hecho de que con la apertura comercial agricultores podrían ser desplazados de sus tierras. Dentro de las soluciones se propone que el IMAS se haga cargo de mantenerlos. Consideré y considero que esa salida asistencialista es ofensiva, arcaica y humillante para nuestros agricultores. Sugerí que se eliminara de los documentos.

En segundo lugar, me opuse a la propuesta para que, en materia de garantías de los depósitos en la banca, se hicieran modificaciones para mejorar la posición de la banca privada. Esto afecta negativamente la principal ventaja relativa que ostenta la banca estatal que es la confianza. Algunos sectores locales han luchado por esa «nivelación de la cancha» desde hace décadas. Siempre me he opuesto porque la actividad bancaria privada es concentradora de la riqueza, lo cual jamás debe ser promovido por políticas públicas.

No logré convencer sobre esos cambios. A partir de ahí, seguí el proceso de cerca y me sentí eufórico por Costa Rica cuando se logró la incorporación plena. ¡Y cómo no me habría de alegrar! La OCDE, tal como lo detalla el Comex, «promueve un modelo de crecimiento económico inclusivo, respetuoso con el ambiente y busca un Estado más eficiente y transparente». Además, la OCDE «lucha contra la corrupción», por un modelo «competitivo» y por «el mayor beneficio posible para todos sus ciudadanos».

Todos esos conceptos corresponden al pie de la letra con mis desvelos y mis acciones en la vida pública. Así que la participación en la OCDE ensancha el espacio y las posibilidades para que Costa Rica aborde desafíos que siempre me han parecido prioritarios.

Por otra parte, un sector ha afirmado que no estoy calificado para asumir el cargo porque los conocimientos requeridos supuestamente pertenecen a un reducido grupo, asociado al Comex. Estoy seguro de que esa sectaria y descalificadora petulancia, la cual cabildea alardeando con un fingido monopolio del conocimiento, no es compartida por los mismos funcionarios del Comex.

En mi caso, aparte del seguimiento cercano que he dado al proceso de incorporación, conocía sobre la OCDE con profundidad, quizá como cualquier economista que se haya interesado en la institucionalidad internacional asociada a los temas del desarrollo. Pero como —aparte de rencillas politiqueras— dentro de los que utilizan ese argumento puede haber personas que sinceramente así lo creen, aprovecho esta carta para recordar a esas personas componentes de mi CV que usted y el Consejo de Gobierno sí conocen.

Tengo grados de economía de la Universidad de Costa Rica y dos de posgrado de la Universidad de Mánchester, en Inglaterra, donde mi primer título fue conferido «con distinción» por ser el mejor alumno de la clase. Hice estudios de doctorado y avancé mi tesis en más de un 70 %. He publicado en Inglaterra y Estados Unidos artículos especializados de economía revisados por pares anónimos. He dado clases en dos universidades inglesas (Mánchester y Reading), en tres de Estados Unidos (Georgia, Florida y Notre Dame) y en tres en Costa Rica (UCR, UNA y la Universidad para la Paz). He sido árbitro académico para la revista The Manchester School y lector de tesis de maestría en la Universidad de Reading (Inglaterra) y de licenciatura en la Universidad de Costa Rica.

He sido contratado por RUTA (Banco Mundial), el PNUD, la OEA, el Gobierno de Suecia, entre otros, como consultor o analista económico para varios países. Tengo experiencia en negociaciones en el ámbito internacional, en razón de mis funciones como presidente del Consejo Interamericano Económico y Social de la OEA (1987-1988), miembro del Equipo del Milenio para la Evaluación de los Ecosistemas (Naciones Unidas, 2001-2005), miembro del Grupo de Expertos en Administración Pública (Naciones Unidas, 2002-2006) y como representante de Costa Rica ante el BCIE (2018-2021), un banco multilateral de desarrollo propiedad de quince socios de tres continentes.

Presumir ignorancia nos espolea hacia el estudio; por ello, conjeturo que me falta mucho por aprender sobre la OCDE. Pero de ahí a afirmar que no tengo formación y experiencia relacionadas con el cargo es malintencionado.

Señor presidente, se ha dicho que una de las razones para la oposición a mi nombramiento por parte de algunas personas dentro del Comex obedece a que, de asumir el cargo, haré fuertes recortes en gastos innecesarios y superfluos en la misión de Costa Rica ante la OCDE. Es cierto que siguiendo la cultura de ahorro que usted ha ordenado a su gobierno desde mayo del 2018 y mi propia inclinación por la austeridad, revisaría con profundidad el presupuesto para eliminar todo lo innecesario, ostentoso o abusivo, pero, en este momento, no tengo información sobre el tema, por lo que esas especulaciones carecen de fundamento.

Otro de los argumentos contra el suscrito es que duraría en el cargo únicamente 10 meses, dado que un nuevo gobierno me sustituiría en cuanto asumiera el poder. Quienes así piensan confiesan una visión poco profesional y legitiman la politización partidista de nombramientos que ahora critican. ¿Qué sucede si estoy desempeñando bien el cargo? De acuerdo con esa visión, esta sería una consideración irrelevante, pues presuponen que automáticamente una persona en un cargo de este tipo debe ser removida cuando cambia el partido en el gobierno.

Eliminadas esas dudas, debo manifestarle que de todas las reacciones provocadas por mi nombramiento, me preocupa sobremanera la disposición a bloquear la agenda legislativa, reiterada por las vocerías de todas las fracciones políticas con la excepción de la del PAC. En esa agenda se encuentran varios proyectos de ley, los cuales son fundamentales para lograr la estabilidad fiscal del país sin tener que recurrir a privatizaciones, despidos de empleados públicos o cierre de programas sociales.

Ya un grupo de diputados había demostrado estar dispuesto a tomar decisiones dirigidas a dañar políticamente al gobierno, sin importarles que con esas estratagemas la verdadera víctima es Costa Rica. Hace unos meses impidieron la aprobación de créditos dirigidos a sustituir deuda cara por deuda barata, lo que le costará al país alrededor de $20 millones anuales durante más de diez años.

Por ello, no me ha sorprendido que ahora estén utilizando tretas para bloquear la votación del préstamo en condiciones financieras concesionales, negociado por su gobierno con el Fondo Monetario Internacional. Han secuestrado el rumbo del país, exigiendo como rescate mi cargo en la OCDE.

Bloquear la aprobación de leyes, ni siquiera por el contenido de estas, sino para forzar al gobierno a modificar decisiones que constitucionalmente le corresponden, es peor que bloquear vías públicas como herramienta de presión para evitar que el Gobierno y la Asamblea Legislativa avancen con esas mismas leyes. Es peor porque los diputados juraron respetar la Constitución al asumir el cargo, lo cual no es el caso de los dirigentes de Rescate Nacional y porque el bloqueo de una carretera afecta únicamente a las personas y empresas que transitan por esa ruta, mientras que el bloqueo del avance de esas leyes en la Asamblea Legislativa afecta a todo el país y por muchas décadas hacia el futuro.

Señor presidente, usted ha dado muestras una y otra vez de tener a Costa Rica como objetivo, prefiriendo la impopularidad derivada de las acciones necesarias para enfrentar viejos y nuevos desafíos a la acomodaticia irresponsabilidad de agudizarlos o ignorarlos. Una vez más, hoy nos toca mostrar cuáles son los valores que nos han convocado en los últimos 20 años. Las circunstancias nos dan la oportunidad de ratificar que, cuando se trata de Costa Rica, sí hay políticos y grupos dispuestos a escalar las montañas éticas más elevadas.

Ante el peligroso antecedente que se establecería, este caso no debe terminar de una manera que la Constitución y varios principios medulares para el buen funcionamiento de nuestra democracia sean ultrajados. Si, en vista de la situación creada, usted solicitara al Consejo de Gobierno mi destitución, desde lo más alto de la institucionalidad republicana se estaría estimulando el atropello a la independencia de poderes y el uso del chantaje y la extorsión como herramientas de negociación. También se estaría legitimando el socavamiento de las funciones constitucionales de quien ejerce el cargo de presidente de la República como resultado de un proceso democrático que es ejemplar en el mundo.

Señor presidente, hemos concordado en numerosas conversaciones en que en la función pública siempre debemos poner los intereses de Costa Rica en primerísimo lugar. En el tira y afloja de los procesos políticos nunca debe tirarse ni aflojarse hasta el punto en que se hiera al país, aunque los otros no tengan la razón. Al igual que Grusha en El círculo de tiza caucasiano de Brecht, debemos siempre preferir que la corrupta Natella se quede con el niño antes que herirlo por jalarlo fuerte.

Por todo lo anterior, por este medio, presento a usted y al Consejo de Gobierno mi renuncia irrevocable al cargo de embajador y representante permanente ante la OCDE.

Espero que esta decisión, la cual tomo pensando exclusivamente en el bien de Costa Rica, al atender la verdadera e impresentable razón de los diputados, extermine sus excusas, les haga deponer sus amenazas y procedan a votar favorablemente y con celeridad el préstamo del FMI y otros importantes proyectos de ley que esperan el trámite legislativo.

Le reitero mi agradecimiento y le deseo lo mejor en la culminación de la agenda sustantiva y transformacional que singulariza su gobierno.

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