Columnistas

Caen las dictaduras: ¿qué ocurre con sus seguidores?

Entre la mayoría perseguida por la dictadura, la instauración de un ambiente de libertades conduce a una conducta social generalizada de olvido y paso a la gestión de la nueva vida

Los manifestantes venezolanos en la Plaza de la Democracia cantaron y gritaron por la caída del régimen de Nicolás Maduro.
Venezolanos en una protesta contra el régimen de Nicolás Maduro en San José, en enero del 2025.
Los manifestantes venezolanos en la Plaza de la Democracia cantaron y gritaron por la caída del régimen de Nicolás Maduro.
Venezolanos en una protesta contra el régimen de Nicolás Maduro en San José, en enero del 2025. (Foto: Roger Bolaños)

Finalizada la Segunda Guerra Mundial, tras la capitulación de los nazis, unas preguntas aparecieron de inmediato entre los vencedores: ¿podía considerarse a la mayoría de la sociedad alemana cómplice de la dictadura de Hitler? ¿Sabían los alemanes corrientes y ajenos a la cúpula hitleriana lo que ocurría en los campos de concentración, y que en ellos habían sido asesinados millones de judíos? ¿Acaso podía creerse que esposas y familiares de los SS desconocían en qué consistía “el trabajo” que sus esposos hacían en los campos?

En 1946, un año después del fin del hitlerismo, el sociólogo católico y periodista alemán Eugen Kogon publicó su estudio pionero sobre los campos de concentración. En el capítulo final de ese libro -que no ha perdido su urgente vigencia-, Kogon se atreve a decir lo que en unas pocas semanas había sido envuelto en un manto de silencio: la mayoría sabía (“Todos los alemanes habían sido testigos de las múltiples atrocidades antisemitas; millones habían visto con indiferencia, indignación, curiosidad o malicia la quema de sinagogas y la humillación de hombres y mujeres judíos. Muchos alemanes pudieron saber algo de los campos de concentración por las emisoras extranjeras. Hubo algunos que tuvieron contacto con los concentrados a través de las cuadrillas exteriores. No pocos alemanes toparon en las calles y en las estaciones con desafortunadas comitivas de prisioneros”). Sabían y escogieron callar, mirar hacia otro lado.

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