Durante años, para muchos jóvenes costarricenses, estudiar y trabajar al mismo tiempo era parte de la normalidad en la transición hacia la vida adulta. Era la forma de pagar los estudios, de ganar experiencia, de ayudar en el hogar o de empezar a construir una independencia económica.
Pero esa figura parece estar desapareciendo silenciosamente del mercado laboral costarricense. Los datos de la Encuesta Continua de Empleo del INEC muestran un cambio profundo entre la prepandemia y el año 2026.
En el primer trimestre de 2020, cerca de 293.000 personas de entre 19 y 25 años tenían empleo. Para el primer trimestre de 2026, la cifra había caído a aproximadamente 251.000. Son más de 40.000 jóvenes menos trabajando.
La explicación no parece única. Influyen factores demográficos, cambios en la permanencia educativa y un mercado laboral que parece ofrecer menos espacios de inserción temprana.
Pero incluso dentro de ese contexto, hay una transformación especialmente llamativa: cada vez menos jóvenes logran estudiar y trabajar simultáneamente. Antes de la pandemia, alrededor del 18% de los jóvenes de 19 a 25 años estudiaba y trabajaba al mismo tiempo. Hoy esa proporción ronda apenas el 10%. En términos absolutos, el grupo pasó de cerca de 99.000 jóvenes en 2020 a apenas 44.000 en 2026. La caída supera el 55%.
Ese dato probablemente refleja una transformación mucho más profunda que la mera reducción del empleo. Durante años, estudiar y trabajar fueron de los principales mecanismos de movilidad social para miles de jóvenes de clase media y de sectores vulnerables. Permitía acumular experiencia laboral mientras se avanzaba en los estudios.
Hoy, esa transición parece mucho más difícil. Y el problema no termina ahí. Paralelamente, aumentó el número de jóvenes que no estudian ni trabajan. En 2026, alrededor de 111.000 personas de 19 a 25 años se encontraban fuera tanto del sistema educativo como del mercado laboral.
El problema del empleo juvenil en Costa Rica ya no parece ser únicamente encontrar trabajo. El problema es que el país parece estar perdiendo uno de sus principales mecanismos de inserción gradual en el mercado laboral. Y cuando menos jóvenes logran trabajar, estudiar y acumular experiencia simultáneamente, las consecuencias terminan apareciendo más adelante en la productividad, la informalidad y la movilidad social.
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Andrés Fernández Arauz es economista.
